[Noticia en desarrollo] Eran las seis de la tarde en el Atakoy Arena de Estambul y el pánico se aproderaba de la delegación española en el Europeo en pista cubierta. Faltaba una hora para la clausura y en el medallero aparecían 19 países, pero no había rastro de la bandera rojigualda. Desde el viernes, primer día de reparto de podios, todo era una sucesión de decepciones. Solo media hora después, los rostros de angustia se tornaron en alegría. El oro de Adrián Ben en los 800 y la plata de Adel Mechaal en el 3.000, dibujaron una sonrisa de la delegación. Al inicio de esa hora de nervios los ojos se giraron hacia la línea de salida del 3.000. Allí, separado de un imperturbable Jakob Ingebrigtsen por el alemán Parsons, aparecía muy concentrado Adel Mechaal , quizás consciente de la nueva responsabilidad adquirida. El de Palamós, que es un valor seguro en estos envites, recogía el guante y brindaba una carrera perfecta, contundente, en la que lograba su mejor marca de la temporada (7:41.75). Eso le dio para lograr la plata y estrenar, por fin, el medallero de España. Pero no para batir a Ingebrigtsen, de nuevo a otro nivel. «Está en un estado de forma increíble, y a los demás nos toca seguir trabajando para intentar darle caza en verano», decía el español, que resistió el ritmo creciente que impuso el noruego hasta los últimos 150 metros. Ahí cedió. «En el último cien siempre tiene una marcha más», reconocía Mechaal. Machada a la gallega Sin tiempo de reacción saltó a la pista Adrián Ben . En la semifinal ya se le había puesto cara de medallista, y en la final no hizo más que confirmar que es un animal competitivo. La misma dureza que le llevó a ser finalista olímpico en Tokio 2020 y mundial en Doha 2019. Al paso por el primer 400, el flequillo más famoso de Viveiro aceleró desde los puestos traseros y fue ganando posiciones hasta situarse a la altura del francés Benjamin Robert cuando la campana decretó que era la hora de los valientes. Ellos dos se jugaron el oro en una llegada de foto-finish que dio vencedor al gallego por solo tres milésimas. «He visto que salían muy fuertes y he intentado no ponerme nervioso porque en Múnich ya pagué que me ocurriese eso», contaba Ben nada más terminar la carrera, muy sonriente y agradeciendo a diestro y siniestro. A sus padres, a su novia Águeda Marqués, finalista en el 1.500 en este Europeo. «El caso es que ha habido un montón de toques y eso me ha beneficiado. Ya a falta de 220 metros he tirado para adelante hasta ponerme segundo. Ahí ya tenía claro que tenía que darlo todo para que no se escapase. Tener una medalla internacional era mi sueño. Todos mis compañeros tenían una, Álvaro (de Arriba), Mariano (García), Saúl (Ordóñez)… Yo quería la mía también». Mucho chocolate Fueeron las primeras alegrías de la delegación española después de bastantes decepciones, incluso en esta jornada final. Porque por la mañana ya se había quedado sin medalla Jaime Guerra , que llegaba con muchísimas opciones a la final de longitud. En su primera final internacional, el de Cornellá sabía que debía superar los ocho metros para atrapar una medalla. Pero no pudo. Se quedó en 7,84 en su mejor salto, lo que le dejó sexto. No se equivocaba el catalán. El bronce se lo quedó el rumano Gabriel Bitan con un salto de 8,00 metros exactos. En esa final el griego Miltiadis Tentoglou amplió su reinado. Se fue hasta los 8,30 para sumar su tercera corona continental consecutiva en pista cubierta. Solo le falta el oro mundial al aire libre, al que aspira este mismo verano en Budapest, para completar una colección de ensueño. Y aún hubo otra decepción con el 4×400 . De nuevo la ingratitud del cuarto puesto esperaba al equipo español, que se las prometía muy felices después del inicio explosivo de Óscar Husillos , impecable en la primera posta para entregar a Markel Fernández con una distancia considerable sobre el resto de finalistas. Tanto el vasco como Lucas Búa, tercer relevista, aguantaron esa primera plaza, aunque la ventaja fue menguando. Para cuando el joven David García Zurita (17 años) tomó el último testigo, aún se soñaba con el oro. Demasiada carga para el joven atleta extremeño, superado primero por Bélgica, el ganador final, y luego, en plena recta de meta y a falta de pocos metros, tanto por Francia como por Países Bajos. García Zurita, que venía como suplente a Estambul, como Markel Fernández, se vio de repente atrapado en la cueva del oso. No era su sitio, pero las lesiones durante el campeonato de Iñaki Cañal y Manuel Guijarro le situaron ahí. El chaval no pudo ni comparecer ante los medios, con una mezcla de desolación e indigestión. «Era una papeleta importante para los novatos», admitía Lucas Búa, resignado por la mala suerte que les ha acompañado en este Europeo. «Vernos de esta forma, primeros y con esa enorme ventaja durante la carrera… Sabíamos que podíamos hacer podio, ser campeones de Europa, pero… Tengo que dar las gracias a estos compañeros. Quien creyese que los niños no podían dar la talla, se ha equivocado. Este equipo está hecho para soñar».concedía Husillos, que también fue cuarto en el 400 individual. El palentino llegó a Estambul dispuesto a colgarse dos medallas y se marcha con un cargamento de chocolate. El último cuarto puesto del día lo firmó Lorea Ibarzábal en el 800 femenino. La madrileña, debutante en un gran campeonato, mejoró de nuevo su mejor marca personal (2:00.87) y rozó el bronce.