Por supuesto que el mundo bizarro pertenece a la otra dimensión de otro mundo paralelo en el que han vivido Supermán y otros superhéroes, uno el de la tierra y el el otro su duplicado, el mundo bizarro, donde el planeta no es redondo sino un cubo, mientras los súper héroes allá son antihéroes y malos, en un mundo alrevesado.
Acá dejó Trump un mundo chiflado y, por sus malabarismos, Guatemala se trocó en un mundo bizarro, donde muchos honestos se volvieron deshonestos, y el país cambió a Alametaug, debido a que los del Pacto de Bizarros dijeron que: “Aquí es una dictadura y hacemos nuestra regalada gana”, aunque sea contrario a lo que señala la Constitución, escrita hace décadas por unos que se dijeron los representantes de la patria en un pasado remoto. Los del pacto odian la belleza y las artes, pero les encanta la fealdad, la vulgaridad y la ilegalidad, a pesar de estar en los más altos cargos de los organismos del Estado. Forman una chusma horrible que ha copado todas las instituciones y han deshecho a su imagen y semejanza el Estado fallido en ruinas que nos han dejado con el agregado del basural que hay por doquier dejada en las playas, en los ríos, en los lagos, en las calles, las carreteras todas deterioradas, depredados los bosques y selvas, y el agua limpia escasa.
“¡Nos encanta la fealdad!” gritan los súcubos en las cantinas con música regetonera o de narco corridos, mientras los jefes comen nachos con queso derretido con vasos llenos de whisky, eso sí, etiqueta negra o azul, con horribles alitas de pollo chamuscadas, nada que ver con los frijolitos que comían de niños en sus pueblos, aunque se desdicen de ello en público, aunque otros reconocen que se limpiaban el trasero con hojitas. Ahora todo tiene que ser de primera y las carnitas de marrano en restaurantes de lujo que los ponen más gordos y enfermizos, pues la salud propia les importa un bledo así como la salud del pueblo que hace mucho dejó de ser soberano, y no restringen sino aplauden que la gente beba mucha Coca o Pepsi para seguir engrosando las cinturas de las dos terceras partes de la población obesa, propensa a la diabetes, enfermedades renales y biliares, pues no hay leyes para reglamentar la cantidad de azúcar y grasas de consumo humano, ni el humo del campo, amén de la la comida chatarra y otras por el estilo. Para ellos es un gran crimen hacer algo perfecto o que se atienda al bien común porque abominan hacerlo y, por el contrario, les gusta embadurnarse de inmorales sin ética y sus modales carecen de reglas, sobre todo el irrespeto a la ley, que para ellos en su mundo bizarro es papel para limpiarse, pues hacen su “soberana gana” sin miramientos, mientras engordan sus caletas de oro y dejan a sus familiares llenando de miles de parásitos la burocracia, con presupuestos inflados para llenarse sus bolsillos. Los señores y señoras del Pacto más bien son hechiceros y brujas disfrazados de magistrados, diputados, ministros, alcaldes, mandatarios… No son políticos sino comerciantes o negociantes del bien público, pues hacen del Estado un festín para robar de los contribuyentes y tener a la población desnutrida y con hospitales públicos chuecos y un alza de clínicas privadas que hacen su gran negocio. Además están los pastores tramposos que están al lado de los del Pacto a cambio del diezmo, “cash”, para dar sus hipócritas “bendiciones”, no importa si es dinero mal habido o del polvo blanco, que activa el mundo bizarro no solo de este país sino de sus vecinos, que el mundo bizarro ya no es solo local sino es transnacional en este istmo que es la cintura de América donde todo es bizarro como en el país de los lagos Augaracin donde una pareja de mandatarios se cree que son los más aristócratas y bellos de su mundo bizarro, aunque al lado está el otro gobernante que se cree el “gobernante más guapo y cool”. En cambio, acá, en este país Alametaug, está el monstruo que pone a la persona más corrupta a dirigir los entes de investigación criminal, a los magistrados y jueces que van a proteger al delincuente, pero si critican al Pacto Bizarro lo enjuician, en especial a los periodistas, porque los libre pensadores no tienen cupo, donde las elecciones son un juego de bizarros para que la gente elija, no al mejor, si no al peor en este país que vive al revés al mando de Lex Luthor, pero, que espere, que ya viene Supermán.