El Presidente de Chile Gabriel Boric salvó de la irrelevancia a la Cumbre Iberoamericana al expresar su opinión sobre el curso que ha tomado le régimen de Nicaragua. Y mientras el resto de sus colegas agonizaban con sus palabras, el presidente Milenio insufló espíritu de lucha a una reunión destinada al olvido. Y, desde luego, clavó una dolorosa pica en el Flandes de la complicidad de los países de la región con los procesos de destrucción democrática que por doquier florecen.