Brechas tecnológicas, digitales y financieras

Aunque la mayoría de la población guatemalteca tiene celulares, no todos podamos aprovecharlos de igual manera.  Es un tema que las Naciones Unidas acaba de destacar en el día mundial de la mujer.  Lo califica como la brecha digital que existe entre hombres y mujeres, pero que también existe entre áreas urbanas y rurales y entre familias ricas y pobres.  En numerosos hogares de la Guatemala rural o más pobre solamente el hombre es propietario de un celular, se aprovecha poco, y el uso de computadoras y el acceso a internet es muy limitado.  Por supuesto, la educación precaria, con amplios estratos de la población adulta que no alcanzó a completar la primaria -fenómeno ya menor entre los jóvenes- magnifica estas brechas.

Quiero agregar otra dimensión de lo digital, que es el de la tecnología financiera, llamada Fintech en inglés, y que requiere una transformación financiera digital para alcanzar a todos.  Incluye lo que se llama el dinero móvil, que permite transferir dinero de una cuenta a otra mediante un simple y corto mensaje electrónico.  En Guatemala contrasta el hecho de que la mayor parte de la población cuenta con un celular, pero con un muy escaso desarrollo de los servicios financieros móviles fuera del área metropolitana, y principalmente en el medio rural.  En contraste con países africanos como Kenia, Camerún, Liberia, Gabón, Gana y Tanzania, donde la gran mayoría de adultos, y especialmente mujeres, acude a este tipo de servicio aprovechando sus celulares, en Guatemala ocurre lo contrario.  Para las mujeres podría ser un estímulo para abrir una cuenta de ahorro móviles, utilizarla para realizar pagos inmediatos, ahorros y préstamos, y ser más independientes. 

Pero el progreso en Guatemala está restringido por la limitada demanda que resulta de la módica cultura digital entre la población rural y el alto costo de la vinculación de clientes, especialmente para familias pobres.   La insuficiente infraestructura de conectividad móvil, la ausencia de interoperabilidad entre proveedores de estos servicios y un marco regulatorio inadecuado tampoco ayudan.  Por último, aunque no menos importante, están las actitudes discriminatorias que van desde el control del dinero en casa por los hombres, que podría ser erosionado con tecnología digital al servicio de las mujeres, hasta el prejuicio de que la mujer no es capaz de manejar instrumentos tecnológicos.   

Por cierto, además de servicios financieros móviles escasos, Guatemala está en el último lugar de América Latina cuando se mide el acceso a medios electrónicos de pago, y específicamente a tarjetas de débito y crédito, reflejo de un sistema bancario concentrado, atrasado, pero con fabulosas ganancias.  El sistema financiero guatemalteco requiere una sacudida, y parte de los cambios necesarios pueden comenzar con una transformación financiera digital que favorezca a las mujeres. 

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Author: Maria Suarez