Ante el destierro de presos políticos y el despojo de ciudadanía por parte de la dictadura de Nicaragua, muchos gobiernos ofrecen refugio y ciudadanía a las víctimas, que sin embargo no tienen condiciones de sobrevivencia fuera de su patria. Con gran solidaridad y propaganda, los líderes y gobiernos democráticos se limitan a tratar los efectos de estos crímenes y de los que cometen las dictaduras de Cuba, Venezuela y Bolivia, pero no atienden el problema que es la existencia de las dictaduras, que impone como única ayuda real la recuperación la democracia.