La cumbre europea de esta semana ha puesto de relieve la falta de sintonía entre Alemania y Francia, justo cuando vuelven a aparecer turbulencias financieras muy preocupantes y la UE empieza a sentir cierto cansancio en su apoyo a Ucrania. Tras la salida de Angela Merkel de la política falta un adulto en la habitación del Consejo Europeo que cohesione a los primeros ministros y lidere ante la adversidad. Olaf Scholz dedica sus mejores energías a gestionar un Gobierno tripartito altamente complejo y a convencer a su propio partido del giro histórico adoptado en defensa. Alemania ha impedido culminar la Unión Bancaria con un sistema europeo de garantía de depósitos, esencial en el rediseño del euro que comenzó en el 2010. Sus dirigentes esperan, sin decirlo, que el Banco Central Europeo vuelva a ser el héroe de una película que ya han visto. En política energética y en la respuesta europea a la guerra de subsidios planteada por la Administración Biden, Berlín también aspira a actuar por su cuenta. El socio junior del motor europeo, Francia, no pasa tampoco por su mejor momento. Emanuel Macron ha impulsado con decisión una reforma de las pensiones realista y ajustada a la demografía de su país. Pero una vez más se ha olvidado de que la política no es solo el arte de tomar buenas decisiones, sino de ejecutarlas con éxito . Ha chocado de forma innecesaria con los sindicatos, los republicanos y, finalmente, se ha enfrentado a su propia sociedad. Buena parte de sus votantes no aprecian su despotismo ilustrado y le reclaman flexibilidad. Scholz y Macron saben que están destinados a entenderse y lo intentan. Pero son personalidades opuestas y están sometidos a grandes presiones internas. Noticia Relacionada MONNET & CO. opinion Si Macron y la geometría variable José M. de Areilza Su reto siempre es el mismo, ser capaz de dosificar sus iniciativas y no lanzarlas todas a la vez, fiando su éxito a la brillantez con las que las presenta Italia, España y Polonia sufren el virus populista en sus Gobiernos, que les resta credibilidad en Bruselas. En las instituciones comunitarias se vive con la sensación de estar al final de la legislatura y sus presidentes se lanzan a la búsqueda de nuevos destinos. Liderar la UE hoy requiere liderazgos compartidos y un trabajo incesante para llevar sin demora las mejores ideas a la acción.