De cortinas y cortinajes

La costumbre de colocar banderas, cortinas o cortinajes en los frontispicios de las casas para conmemorar o festejar acontecimientos sobresalientes se remonta a los inicios de la historia del hombre en sociedad, cuando surgió la necesidad de comunicarse en el ámbito público. 

Expresarse con signos y símbolos ha sido común a través de la historia. Los judíos, por ejemplo, se rasgaban las vestiduras y se cubrían el cuerpo de ceniza en señal de tristeza y duelo, y en los primeros siglos del cristianismo, el símbolo que identificaba a los seguidores de Cristo era un pez.

El uso de cortinas, banderas y cortinajes fue muy común durante la Edad Media, cuando los castillos feudales los reyes y sus vasallos se identificaban entre sí con banderas de colores especiales e insignias, como lo hicieron sus antecesores, los romanos, retomados siglos más tarde por Napoleón y ya en el siglo XX por los fascistas alemanes. 

Los conquistadores españoles impusieron en nuestras tierras la religión católica, el idioma castellano y las costumbres de la península.  Nuevas formas de ser, de sentir y de expresarse surgieron a lo largo del mestizaje, siempre bajo la tutela firme de la corona y la iglesia católica.

En el ámbito doméstico y de la vida cotidiana, los pobladores de la ciudad de Santiago continuaron, entre otras, con la costumbre española de expresarse a la calle utilizando cortinas y cortinajes;  crespones que adornaban  las  puertas, ventanas y balcones, según la fiesta o conmemoración pública o circunstancia personal del vecino: los cortinajes elaborados de tela, según el bolsillo del cristiano, variando de color según la ocasión, negro para demostrar pérdida o duelo; blanco matrimonio o nacimiento, y morados para los cuarenta días de la Cuaresma. Jueves y Viernes Santo se utilizaba el negro para conmemorar la muerte de Cristo, y color amarillo a partir del sábado de gloria para celebrar con júbilo la resurrección de Jesús. Las festividades religiosas se celebraban de acuerdo con colores del calendario litúrgico, y cuando eran fiestas civiles, el ayuntamiento daba la pauta.

Más recientemente, en épocas liberales, se cambiaron las cortinas y cortinajes religiosos por las banderas. El gobierno intentó sustituir el calendario litúrgico por el cívico y a diferencia de campanas, cohetería, misas y cortinajes, se implementó en Guatemala el uso de banderas, banderolas, escudos y sonadas militares, festejando la llegada de la ciencia, el progreso y el civismo.

Han pasado más de cuatro siglos desde la colonia española, y La Antigua Guatemala ha conservando como parte de su herencia ancestral, la costumbre de expresarse públicamente a la calle colocando cortinas y cortinajes en sus fachadas y frontispicios.

Hoy en día, por ejemplo, la ciudad de  Antigua está de fiesta celebrando la Cuaresma. Sus casonas, locales comerciales y viviendas están engalanadas con bellos cortinajes y cortinas, colgaduras color morado con blanco que expresan a sus vecinos por la llegada de la Cuaresma y Semana Santa.

Bellos cortinajes rematados con arreglos florales y flecos que muestran la alegría y el entusiasmo de la ciudad en pleno, prestos a disfrutar y participar de la fiesta más emblemática de la ciudad. Cortinajes y cortinas que dan la bienvenida a las festividades de época, con sus procesiones, alfombras devocionales, viacrucis y velaciones con las cuales sus vecinos rinden devoción a sus imágenes de pasión, tan entrañables y queridas.

La belleza colonial de La Antigua se acentúa más en esta época por sus jacarandas en flor, las fachadas de casas recién pintadas y sus bellísimos cortinajes morados: signos antiquísimos convertidos en costumbre, heredada de sus ancestros, con los que hoy día los antigüeños   dan   la bienvenida a su fiesta titular, la más querida y entrañable de la colectividad.

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Author: Maria Suarez