El miedo a perdernos de algo

Desde ya hace algún tiempo, he tenido la curiosidad de entender cierto fenómeno del que probablemente muchos participamos y que, con las siglas FOMO (fear of missing out), hace referencia al miedo que sentimos de perdernos algo importante, o de quedarnos socialmente aislados. La necesidad que tenemos de los demás es un rasgo propiamente humano pues, aunque podamos sentirnos cómodos cuando estamos solos, no es posible vivir en plenitud si no interactuamos con los demás.

Por otro lado, ¿no es verdad que el tiempo es limitado y que cada vez es más difícil estar en “todo lo que tendríamos que estar”? Eventos familiares, con amigos, con colegas de trabajo, todo ello unido a grandes exigencias laborales y a las mil y un contrariedades que surgen cada día, se introducen en un tiempo que es restringido y que cada vez resulta más difícil de gestionar. Y aunque existen ya algunas series y películas donde se muestra la ilusión de alargar o acortar las horas del día, sabemos que en la realidad nada de esto es posible, y por eso más nos vale ser realistas y contar con lo que hay.

No podemos pretender estar en todo y siempre, ya que esto es sencillamente imposible. Y, si esto lo entendemos, ¿por qué nos queda la inquietud de que si debemos hacerlo?, ¿por qué nos reprochamos el hecho de no poder estar en dos lugares al mismo tiempo, cuando sabemos que no es humanamente posible? Una vez más, las tecnologías juegan un papel importante en la dimensión que adquiere esta sensación, en el miedo que alcanzamos de sentirnos excluidos o de perdernos de algo importante. Son precisamente las redes sociales en internet, las que nos acompañan todo el tiempo y las que nos muestran todo el ámbito relacional del que formamos parte. Es allí donde podemos abrumarnos, cuando somos conscientes de las miles de vivencias de las que podríamos formar parte, si en la vida no existieran límites espacio-temporales.

Pienso que es necesario tomar distancia del entorno virtual que nos muestran las redes, para saber disfrutar de lo que allí tenemos: el contacto con personas de diferentes edades, entornos e intereses, que nos han acompañado en los distintos momentos de nuestra vida, que todavía nos acompañan hoy, pero cuyo trato requiere de un espacio físico, más prolongado, más detenido, más humano. Aceptar que el tiempo es limitado y que nuestras relaciones pueden y deben alimentarse de modos distintos, podrá servirnos para experimentar con tranquilidad el contacto virtual con nuestros amigos más o menos cercanos, y para evitar que surja de forma constante el miedo a sentirnos excluidos o a perdernos de algo importante.

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Author: Maria Suarez