El salvador de El Salvador

Uno ya está harto de todo, con la lengua lamiendo el piso y sin más horizonte que el de seguir sobreviviendo en medio de asaltos y balas perdidas, con el pecho atenazado por el sueño americano y el anhelo de que al menos nuestros hijos puedan alcanzar el Gran Norte. Uno ya no sabe a qué santo rezarle, a qué Iglesia encomendarse, cómo recuperar la chispita que hizo que años ha, nuestros padres y abuelos lucharon hasta la muerte por un cambio que nunca se dio. 

Y de pronto, cuando nadie se lo esperaba, como venido del Olimpo y sin estruendos ni efectos especiales, ¿quién aparece? Pues un tal Bukele, que barre a los otros candidatos en las elecciones de 2019 y que, desde entonces, gobierna El Salvador con métodos poco ortodoxos que cosechan, hasta el día de hoy, un 90 por ciento de aprobación de su pueblo.

Seamos sinceros. ¿Quién no espera, quién no ha añorado desde hace siglos, en nuestros países maltratados por el destino, maltratados por las políticas neoliberales, maltratados por nuestras oligarquías y burguesías entreguistas y analfabetizantes, países centroamericanos y sudamericanos olvidados de dios, con desigualdades y dramas sociales que dan grima, quién no ha fantaseado con que aparezca por fin un gran héroe político, un mesías poderoso que tenga la clarividencia y los huevos para sacarnos del pantano?  

Lo sabemos, nos lo han repetido las teorías sociológicas: que una golondrina solitaria no hace verano, que una persona, por carismática que sea, no cambia un país si este no está listo. Pero, nuestros países necesitan cambios sustanciales desde hace ya tanto tiempo, que siempre sucede lo mismo: aparece cualquier pícaro cargado de promesas vagas, y a la vuelta de la esquina, se embolsa unos milloncitos, y nosotros nos quedamos comiendo M.

Alguien me preguntó que qué pensaba de Bukele. Respondí que todavía no lo sé, que es prematuro dar una respuesta clara y contundente, porque apenas en junio de este año cumplirá tres años de gobierno, lo que no es nada. Y, sin embargo, sus promesas y sus estrategias de pacificación brutal del país, que es uno de los mayores azotes de los que sufre la población, parecen estar dando resultados espectaculares. 

El problema es si dichos resultados serán sustentables en el tiempo, y a qué precio. También, depende de si implementa medidas sociales consecuentes para que las famosas maras no sigan reproduciéndose como champiñones y, por supuesto, para que el país vaya realmente saliendo del impasse económico y social en el que se encuentra. Políticamente hablando, a mí no me interesa si él respeta o no las reglas formales de la democracia que, al final de cuentas, hasta los Estados Unidos y los europeos se limpian el trasero con ellas. Lo importante es comprobar si estamos ante un líder honesto, coherente, realista y eficaz. Eso es lo principal.   

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Author: Maria Suarez