¿Es la geografía destino?

Así como hay algunos territorios favorecidos por la naturaleza, hay otros que parecería que fueron abandonados por los dioses. Sin duda la geografía es una variable sumamente importante en la suerte y el destino de las naciones. Tal consideración dio lugar hace unos 130 años al desarrollo de una disciplina que intentaba analizar, explicar y proponer determinadas políticas estatales que favorecieran el poderío de los Estados-nación. El almirante estadounidense Alfred Thayer Mahan y el geógrafo británico Halford Mackinder fueron dos de los pensadores más influyentes en el campo de la geopolítica. 

Mahan desarrolló la teoría del poder marítimo, la cual sostiene que la superioridad en el mar es esencial para el éxito de cualquier nación que aspire a la hegemonía mundial. Según Mahan, la posesión de una flota poderosa, con bases en lugares estratégicos, garantiza el control de los mares y en consecuencia el comercio mundial, lo que a su vez asegura la riqueza y la influencia política de esa nación. La historia política moderna parece confirmar esa teoría. En el siglo dieciséis y la primera mitad del diecisiete, España y Portugal dominaron los mares y el comercio mundial, pero pronto los holandeses al innovar la navegación impulsada por el viento y con Hugo Grocio como jurista de cabecera abrieron los océanos a las tres libertades marítimas desplazando para siempre a los Estados ibéricos. Gran Bretaña fue la potencia heredera en el siglo XIX quien a su vez cedió la batuta hegemónica a su progenie americana, los Estados Unidos quienes hoy están en posesión de una poderosa marina comercial, una armada de guerra y numerosos aliados que controlan las principales rutas comerciales y los puertos estratégicos garantizando la llamada “pax americana”. 

Halford Mackinder, un geógrafo británico, publicó en 1904 su obra El Pivote Geográfico de la Historia, en la que presentaba su teoría del corazón mundial, la cual sugiere que la posesión del territorio continental eurasiático es fundamental para el control global. Según Mackinder, el poder político y económico depende de la posición geográfica de un país en relación con los demás y de la capacidad de éste para controlar la masa de tierra de Eurasia. Tal habría sido el objetivo tanto de Napoleón como de Hitler al invadir el inmenso territorio de Rusia. 

Mackinder afirmaba “quien controla el corazón del mundo controla la Isla Mundial, y quien controla la Isla Mundial controla el mundo.” Así sostenía que el control del corazón de Eurasia -que él definía como el área que abarca desde Europa del Este hasta Asia Central- permitiría a una nación controlar los recursos naturales y la población de la región, así como el acceso a los océanos y a los mercados mundiales. Además, afirmaba que la posesión de una posición geográfica estratégica permitiría a una nación controlar los territorios aledaños, lo que a su vez le permitiría establecer su influencia sobre otras naciones.

Hoy parece que el mundo vive en la práctica en Ucrania el violento y peligroso enfrentamiento de estas dos visiones geopolíticas. Los Estados Unidos y sus aliados europeos, miembros de la Alianza Noratlántica, se enfrentan a la coalición de las dos grandes potencias euroasiáticas, China y Rusia quienes están comprometidas a frenar el avance del agresivo Hegemón occidental en la conquista del “corazón del mundo” y la inevitable constitución de un imperio universal y eterno, dando lugar al llamado “fin de la historia” y el triunfo final de la “democracia liberal” tal como lo predijera Francis Fukuyama en su ensayo de 1989. 

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Author: Maria Suarez