O se hace precisión o se hace literatura o se calla uno, fue la sabia recomendación del filósofo de la calle Lista que la amiga de Fidel Castro creía que eran dos, Ortega y Gasset , «como Marx y Engels». Los historiadores se dividen en dos grupos: los que hacen precisión y los que hacen literatura. El gran maestro de los historiadores que hacen literatura es el inglés Thomas Macaulay , «maestro de la narración, del retrato y de la síntesis». Lord Acton, el caballero que otorgó prestigio a la prensa con su ‘boutade’ al señalarla como ‘el cuarto poder’, decía que, al encontrarse con Mommsen y con Harnack, surgía la pregunta: «¿Quién es el historiador más importante que el mundo ha dado?» Y en cada ocasión, remata, el primer nombre que se mencionaba y en el que al final coincidían todos era el de Macaulay. Un gran historiador de nuestra cultura («Del amanecer a la decadencia. 500 años de vida cultural en Occidente») explica que con Macaulay, el que disiente y dice «no fue así» está en la misma situación de unos amigos que juzgan a otro: «Hizo esto, lo cual significa aquello». «No, no lo hizo, porque también hizo lo de más allá, lo cual significa esto otro». Noticias Relacionadas opinion Si El Bar de Mou Con la xavineta hemos topado Ignacio Ruiz-Quintano opinion Si El bar de Mou El derbi ha muerto Ignacio Ruiz-Quintano -La discusión es interminable a menos que cada uno acepte el siguiente desafío: «Dime cuál es tu baremo para calibrar la acción». La historia del Relato culé, o historia del «ejército desarmado de Cataluña» que nos colocó en la conversación Montalbán, es la obra de decenas de Macaulays comprados en los chinos consagrados a repetir en millones de páginas de periódico que nos encontrábamos ante el Mejor Equipo de la Historia, hasta que un manojillo de facturas en manos de Hacienda han introducido en el jardín de ese mito la serpiente de la duda, magníficamente expresada por Quevedo en su romance del Basilisco: «Si está vivo quien te vio, / Toda tu historia es mentira, / Pues si no murió, te ignora, / Y si murió no lo afirma». (Estos versos fascinaban a Borges, y por tanto, a Messi). Reparemos por un momento en el teorema de Negreira que podría extraerse de la siguiente secuencia histórica: Europa League : Barcelona, 2; Manchester United 2. Manchester United, 2; Barcelona, 1. (Eliminado el Barcelona). Champions League : Liverpool, 2; Real Madrid, 5. Premier League: Liverpool, 7; Manchester United, 0. En la Liga de Tebas, el Barcelona le saca al Real Madrid una decena de puntos. Mas, por sosegar los ánimos, el marqués de Del Bosque, que cuenta como madridista (tanto amaba al club que en la Ciudad Deportiva siempre salía el último para asegurarse de que se apagaban las luces y contribuir al ahorro en las cuentas), salió al quite de la Fiscalía afirmando que el Barcelona del Negreirato hubiera ganado lo mismo sin Negreirato. ¿Y Armstrong? ¿No hubiera ganado lo mismo sin sus chuches? Pasado por la lógica del marqués, el poema «If» de Kipling pierde cualquier doble sentido que pudiéramos darle. El punto de vista delbosquiano con el Negreirato es el mismo que el de Sánchez con la ensoñación del 17-O. Concepción Arenal: «Odia el delito y compadece al delincuente». Sánchez: «Elimina el delito e indulta a los delincuentes». Así cumplidos, no pasaría nada, y la Liga de Tebas proseguiría su camino, que es el de no saber adónde va, pero yendo siempre en vanguardia. El vanguardismo de la Liga de Tebas tiene a Vinicius (con Camavinga en la recámara) al borde del exilio. Vinicius es un veinteañero que juega en un país extraño y atestado de cafres que le llaman «mono» en las gradas y que le dan leña en el verde en medio de la más obscena impunidad, incluida la investigación policial, que deben de llevarla los mismos que se encargaron de lo de JFK, sobre el muñeco kuklusklanesco colgado en un puente de Madrid. La Liga de Tebas tiene a gala contar en su competición con el futbolista que más faltas padece (sin contar las que quedan sin sanción), y a la vez, el que más tarjetas recibe. Vinicius, que siempre está corriendo (lo cual no hace de él un tonto), tiene calado a todo el mundo: «A mí me sacan tarjeta en la primera falta, y a mis marcadores los amonestan en el minuto 80», y todo con la complacencia (divertida o solemne, según el CI de cada cual) de los santones del periodismo pipero instalados en el imaginario campanario de Manganeses de la Polvorosa. Para ese pranato, el problema de la Liga de Tebas no es el Negreirato (que no irá a ningún sitio, salvo que al sanchismo le rente electoralmente), sino el regate/regatón de Vinicius.