Laporta compareció ayer para decir que no decía nada, que desde luego es lo más inteligente que puede hacer una persona en su situación. Cualquier explicación que hubiera dado habría resultado peligrosa, cuando no directamente incriminatoria para él mismo o para el Barcelona. No aclaró cómo piensa financiar las obras del Camp Nou, insistió en la falacia de que los plazos y el presupuesto turcos son realistas; y abundó en la ruinosa idea de ir a jugar a Montjuïc, a pesar de que el club perderá si finalmente lo hace alrededor de 93 millones de euros por temporada. Pero de todos modos, en la línea de no decir nada -ni una cosa ni la contraria- reconoció que todavía no tiene cerrada la financiación del Espai Barça y que por lo tanto no hay nada decidido, ni siquiera nada que a estas alturas el club pueda ya decidir unilateralmente. Pero lo que sin duda tuvo más gracia de la velada fue cuando dijo que el Barcelona nunca había comprado a ningún árbitro. Claro que no, para qué molestarse si podía comprar al estamento entero. Si hay que comprar, se compra, como diría aquel, pero comprar por comprar es tontería. En esto hay que reconocerle a Jan que siempre tuvo más clase: y supo establecer un círculo de relaciones, bien nutridas, pero sobre todo bien trabajadas en lo personal, con detalles más valiosos que cualquier cifra, que crearon un ambiente favorable al fútbol, por otra parte maravilloso, que desarrolló el Barça durante su primera etapa como presidente. El presidente del Barcelona, como lleva haciendo desde que en 2021 volvió a ganar las elecciones, tomó ayer al público por idiota, y lo toreó con la desfachatez que sólo puede uno permitirse en una sociedad anestesiada, acrítica, sin ningún instinto de libertad ni deseo de mundo mejor, que es lo que muy especialmente encarna esta supuesta burguesía del Círculo Ecuestre -el club donde tuvo lugar el almuerzo-, que ha renunciado al liderazgo político, social y moral para convertirse en el felpudo de cualquiera que quiera pisotearla, como ya pasó con los independentistas en 2017. Noticias Relacionadas estandar No Fútbol Laporta: «Que quede claro que el Barça nunca ha comprado árbitros» Sergi Font opinion Si Fútbol / Barcelona Ni Montjuïc ni 900 millones: Laporta prepara la marcha atrás Salvador Sostres Defendió la continuidad de Xavi tras haber renegado de él, desmarcándose de su propio fichaje. Y también dijo, todo junto y revuelto, que ni utilizará más palancas ni privatizará el club mientras sea presidente, muy en su línea de hacer grandes aseveraciones sin ninguna explicación de cómo piensa sustentarlas, lo que resulta especialmente dramático en un club que, en el caso de lograr la financiación para las obras del Camp Nou, pasará a deber más de la mitad de lo que vale. Los asistentes asintieron y callaron, sin que nadie le planteara ninguna pregunta que, sin necesidad de llegar a ser agresiva, le exigiera por lo menos concretar sus afirmaciones propagandísticas y vagas. Sin ninguna idea clara, sin ninguna sinceridad sobre su pasado ni ningún plan creíble de futuro, Laporta me recordó ayer a una vez que durante sus dos presidencias me lo encontré en el restaurante Chez Cocó de Barcelona, al lado de su despacho de abogado, con una chica a la que me presentó como su «cosineta», lo que en español sería «primita». Pese al poco aspecto de ser su «primita» que tenía, le hablé en catalán para hacer como que me lo creía, y Jan enseguida me interrumpió para decirme, con su sonrisa imbatible: «No sabe catalán pero no te preocupes, que lo está aprendiendo a marchas forzadas».