Cuando no existen instituciones fuertes que ejerzan vigilancia, la impunidad se convierte en la base sobre la que crecen los sistemas de corrupción. Y si la impunidad no es demolida, todos los esfuerzos por acabar la corrupción son en vano”, dijo en una ocasión Rigoberta Menchú, la líder indígena guatemalteca, Premio Nobel de La Paz y embajadora de buena voluntad de la Unesco. Esta lapidaria frase emerge como el espejo por el cual se mira el régimen de Nicolás Maduro, el cual se encuentra fracturado desde la semana pasada, por el fuerte impacto de una escandalosa y multimillonaria trama de corrupción en Petróleos de Venezuela (Pdvsa), cuyas raíces han quedado expuestas ante los venezolanos, quienes se encuentran indignados por sus gigantescas proporciones y por los jerarcas de la cúpula madurista involucrados en el hecho.