El deporte acostumbra a regalarnos momentos épicos e historias de superación, pero, en ocasiones, la tragedia gana el partido. El exfutbolista profesional Pelayo Novo murió el pasado lunes tras ser arroyado por un tren en La Corredoria, a las afueras de su Oviedo natal, a los 32 años. El fin a una vida abrupta y repleta de desgracias a la que sin embargo el asturiano combatió con orgullo y esperanza. En 2018, cuando era jugador del Albacete en Segunda División, sufrió durante una concentración en un hotel una caída desde un tercer piso que le dejó sin movilidad en los pies, tobillos y los glúteos, accidente que puso fin a su carrera, pero no a sus ganas de revivir. Novo, obligado a ir con muletas el resto de sus días, nunca abandonó el deporte, su gran pasión, y en los años posteriores alternó su trabajo en la fundación benéfica del Oviedo con el tenis sobre silla de ruedas, disciplina de la que llegó a ser campeón regional. Es por eso que su muerte, todavía sin ser esclarecida por las autoridades, ha dejado a la ciudad en estado de shock. Mientras caía la nieve, en el campo del entrenamiento del Oviedo se vivió el minuto de silencio más emotivo de todos los que se llevaron a cabo en España. «Mi partido ahora es vivir, lo voy a jugar y espero ganar», solía decir. Minuto de silencio del Oviedo por la muerte de Novo efe Novo comenzó a forjarse como centrocampista en las categorías inferiores del Oviedo, club de referencia en Asturias junto al Sporting de Gijón y en el que llegó a debutar, para en 2012 dar el primer salto fuera del nido y fichar por el Elche . El inicio de una carrera que le llevaría por los vestuarios del Córdoba (con los andaluces consiguió el ascenso a Primera), Lugo, el Cluj rumano y, finalmente, Albacete, donde la tragedia llamaría por primera vez a su puerta para arrebatarle el fútbol, su gran pasión, pese a que no poseía los estereotipos que acompañan a la profesión. Cursó una ingeniería industrial en la universidad y un máster. Incluso llegó a abrir su propio negocio, una peluquería canina, con la que sería su futura esposa, Icíar López (se casaron el pasado verano). Era 31 de marzo de 2018 y, como el resto de sus compañeros del Albacete, Pelayo pasaba las horas en el hotel de concentración hasta que el bus del equipo los llevase hasta El Alcoraz para enfrentarse al Huesca. Fue entonces cuando, mientras atendía una llamada telefónica, cayó al vacío desde el tercer piso, por el hueco de la escalera, y al impactar contra el suelo sufrió múltiples fracturas en sus extremidades inferiores. Inmediatamente se le trasladó a un hospital de Zaragoza , donde fue sometido a una operación de cinco horas que le salvó la vida pero que no pudo devolverle la movilidad total a sus piernas. Tras 51 días ingresado recibió el alta, pero las muletas y la silla de ruedas le acompañarían para siempre. Novo, tras el accidente en 2018 ABC Las consecuencias de su accidente le obligaron a retirarse del deporte profesional, un hecho que inundó de tristeza a todo el fútbol español. Novo, sin embargo, nunca le perdió la cara a la carrera de fondo que tenía por delante. Pelayo comenzó su rehabilitación en Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo , lugar donde el exfutbolista pasó sus peores momentos tras el accidente, como narró en diferentes entrevistas a lo largo de los años. «En la rehabilitación tienes que seguir, exigirte y ahí fue donde ya asimilé y entendí que el fútbol ya había acabado para mí. Es complicado de asimilar, pero hay vida después de esto. Y lo que tengo que valorar es de ahora en adelante y es en lo que me centro», aseguró en 2018. El tenis como motivación Poco a poco, fue tomándole el pulso a su nuevo día a día y, una vez más, fue el deporte quien le enseñó el camino. En el Oviedo se convirtió en presidente de su fundación benéfica y comenzó a jugar al tenis de silla de ruedas, disciplina de la que acabaría siendo número 12 en el ranking nacional. Incluso llegó a los despachos de la Federación Asturiana de Tenis , donde llevaba a cabo labores de deportes inclusivos, los mismos que le dieron una nueva oportunidad en la vida. «Durante un año y medio lo pasé muy mal. No disfrutaba en general de los momentos del día, pero el tenis me ayudó a evadirme. Creo que a mí el deporte me ayudó a encontrar una nueva motivación y a salir del bucle malo en el que me podía meter». Una persona ejemplar que superó las duras embestidas que el destino le lanzaba, hasta incluso llegar a doblegarlas a su favor, pero que finalmente no pudo esquivar una trágica muerte. En cambio, su capacidad de superación será eterna.