El profesor de la Universidad de Estocolmo Torsten Persson ha sido reconocido junto Timothy J. Beasley, de la London School of Economics, y Guido Tabellini, de la Universidad Bocconi, con el Premio Fronteras del Conocimiento en materia de economía que anualmente concede la Fundación BBVA , por su trabajo científico a la hora de identificar los procesos políticos que derivan en la adopción de una u otra política económica y los factores económicos que influyen en la adopción de las políticas, configurando un circuito que se retroalimenta. El profesor Persson ha teorizado sobre cómo la inversión privada prospera en países en que existe una separación clara entre el ejecutivo y el legislativo o sobre la tendencia más acusada al gasto en gobiernos de coalición que en los monocolor. Le preguntamos sobre este y otros aspectos de la actualidad en esta entrevista con ABC. —Sostiene que la propensión al gasto es mayor en los gobiernos de coalición, como el que gobierna en España. ¿Qué factores influyen en que esto sea así? ¿Es una consecuencia inevitable de ese tipo de configuración o una muestra de debilidad de las instituciones del país? —Consideremos dos alternativas. En la primera, varios grupos están representados por un único partido político, que forma un gobierno monocolor. En la otra, cada uno de esos grupos está representado por un partido que se integra en un gobierno de coalición. A cada grupo le gusta que el gasto se dirija a sus propios miembros. En un gobierno de coalición los votantes de cada pueden recompensar a su propio partido en las siguientes elecciones, pero en un gobierno monocolor esas recompensas electorales son más difíciles. Ese es el motivo principal por el que los partidos en un gobierno de coalición tienen razones más fuerte para elevar los gastos dirigidos a sus potenciales votantes. Es una característica de los sistemas electorales proporcionales, que permiten la formación de partidos más pequeños, frente a los sistemas mayoritarios, que fomentan el bipartidismo. Noticia Relacionada estandar No Europa pone fin a la «manga ancha»: los Estados tienen que volver a controlar el déficit público Enrique Serbeto Los Estados miembros discutirán el día 23 una versión reformada del Pacto de Estabilidad que ha diseñado Bruselas —Europa debate ahora sobre las nuevas reglas fiscales. ¿Ve útil ese mecanismo de control supranacional a la hora de modular el gasto público? —Es difícil hacer cumplir esas reglas fiscales. Los países grandes pueden incumplirlas con menos consecuencias que los pequeños. Unas reglas menos estrictas igualarían esas condiciones, pero a costa de un riesgo moral. La mejor manera de reforzar la disciplina fiscal sería reforzar las instituciones presupuestarias nacionales . —Los países europeos han elevado de forma significativa sus niveles de deuda con la suspensión de esas reglas fiscales. ¿Ve problemas de sostenibilidad? ¿Tendrá que salir el BCE otra vez al rescate? —Los países europeos seguirán acumulando déficits, incluso grandes déficits, aunque se reinstauren las reglas fiscales. Diría que la expectativa de una posible intervención del BCE influirá menos en ese proceso que las políticas particulares de cada país. —La desigualdad se ha convertido en el gran tema y el enfoque mayoritario parece ser que hay que subir los impuestos a los ricos para financiar las políticas contra la desigualdad. ¿Cuál es su opinión? —Existe el dilema de si las políticas redistributivas pueden dañar el crecimiento y sobre esos efectos trata uno de los artículos que he escrito con el profesor Tabellini. Entendemos que podría ser mejor igualar las rentas percibidas con medidas como ofrecer mejor educación a los pobres que hacer transferencias directas de renta desde los ricos a los pobres. —En España llevamos años intentando resolver el debate sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones. Muchos analistas apuntan al modelo de Suecia como solución. ¿Ve viable implantarlo en España? —La reforma de pensiones de los años noventa y la gran reforma fiscal de la misma década fueron acontecimientos insólitos. Se basó en el trabajo a largo plazo de políticos de los principales partidos, con la asistencia de expertos técnicos, y se llegó al compromiso de incluir algunas medidas impopulares y algunos beneficios para los grupos de votantes más importantes de cada partido. Las propuestas se presentaron como un paquete de «lo tomas o lo dejas» y los ciudadanos las aceptaron como una mejora respecto a un ‘statu quo’ que era insostenible. Se podría intentar un enfoque similar en España, pero la cuestión es si la política española actual permitiría delegar una propuesta de reforma de pensiones en un grupo político de este tipo.