La visita de Xi Jinping a Moscú como gestor de la paz, obviamente sesgada su pretendida imparcialidad, ha consolidado una relación comercial sobradamente lucrativa para China, aunque sin duda un salvavidas ocasional para Rusia. Son patentes los beneficios producto de esta guerra: ya 40% de las importaciones de Rusia son de origen chino y 30% de sus exportaciones van a ese destino con notables descuentos, particularmente en hidrocarburos. Subvención que se ampliará con el suministro cautivo de gas natural a través del gran gasoducto transiberiano. Crece la subordinación de la menoscabada Rusia al poder económico, tecnológico y militar chino.