Soy parte de una generación de venezolanos que creció en un país donde las libertades individuales eran respetadas. Esto dejó de ser una realidad con la llegada al poder de eso que los sociólogos han llamado el chavismo-madurismo, un ventenio donde la corrupción ha alcanzado niveles jamás imaginados, ni por ese manso e inocente pueblo que creyó en aquel encantador de serpientes llamado Hugo Chavez Frias, ni tampoco, estoy seguro de ello, por los escritores de novelas de ficción.