Tras el revuelo generado por las reescrituras de los libros infantiles de Roald Dahl y las novelas de James Bond, entre otros, con el fin de adecuarlos a la corrección política actual y suprimir el lenguaje potencialmente ofensivo, un grupo de “lectores de sensibilidad” fue contratado para revisar cuentos de hadas como “La Cenicienta” y “Blancanieves”.