Incontables atrocidades las que ha vivido la humanidad a lo largo de su historia. Y hago énfasis en América Latina (el mundo es tan grande). Incalculables víctimas de invasiones, atroces esclavitudes, incesantes explotaciones, imposiciones culturales aberrantes. Impensables genocidios, éxodos constantes. Guerras desalmadas, desapariciones forzadas a mansalva. Tanta tragedia se debe, en parte, al miedo. Sí, al pánico histórico de unos cuantos a perder hegemonía y poder. Terror a no mandar. A ceder control. Y quizá todas las luchas por la libertad desembocan, de muchas formas, en la palabra. Callados se ven mejor. Callados, sí, shhh. ¡Silencio!
Una fuerte lucha de la humanidad está justo en el derecho a expresare. Hay consenso en ello. A decir, a pronunciarse, a diferir, a alegar. A gritar si es necesario. Todo sin correr el riesgo a ser silenciados. Porque la palabra es un hilo que lo une todo.
Hablo de la libertad de articular opiniones e ideas sin peligro a represalias, censura o sanción posterior. Sin interferencias. Sin racismo, indignidades, exclusiones y desigualdad. Hablo de entender la defensa de la palabra como clave vital para trabajar los derechos humanos desde la resignificación de la independencia y la búsqueda de la paz. Porque todo es voz.
Y nosotros no terminamos de hacernos ni hemos tenido el valor de contarnos. Shhh.
Comprender que la lucha por la dignidad de la vida es un patrimonio de la humanidad que ha estado presente en todas las culturas: lucha que se une al verbo, al sustantivo, al artículo de múltiples formas. ¿Al pronombre?
Que las ideas circulen con sus propias alas, que la prensa tenga aire libre para elevarse, y que todos cuenten con acceso a la información, sin talanqueras. Sin muros, barreras, ni abismos. A eso se le llama vivir bien. Transitar libre de campos minados. Sin ser perseguido, encarcelado o expulsado.
Las raíces de la identidad están en la voz. En la valoración del pensamiento propio como proyecto liberador de formas soterradas de colonialismo cultural, social, económico o académico.
Pues a pesar de que hay consenso mundial en esto, siempre afloran quienes imponen su sombra. La del terror.
PD: Si se dice es porque se piensa. He ahí el miedo: a toda forma diferente de pensar. (Y de ser).