Una lectura del caso Mulet

Cada vez más se parecen estas elecciones 2023 a las de 2019, cuyo resultado fue un rotundo fracaso que condenó al país a cuatro años más de retroceso (pruebas para afirmar esto me sobran).

Dentro de este sin fin de dimes y diretes entre candidatos, el Tribunal Supremo Electoral y las Cortes, lo más notable ha sido la persecución a candidatos que, sin necesariamente ser santos de altar, han puesto a temblar a la estrategia oficialista y al pacto que la respalda. Tal y como sucedió en las elecciones pasadas, ahora también han ido talando candidato por candidato para evitar una contienda justa en las urnas. Roberto Arzú, del partido Podemos, y Thelma Cabrera, del partido MLP, (candidatos a quienes, debo aclarar, jamás hubiera dado mi voto) han sido apartados de la contienda, injustamente. Ahora, quien podría caer es Edmond Mulet, del partido Cabal, por las mismas maniobras injustas y sucias. Sin embargo, sí que existe alguna posibilidad de que el candidato que en las elecciones pasadas ocupó el tercer puesto, salga de este embrollo fortalecido y con el camino pavimentado para la segunda vuelta, cosa que sería “un tiro por la culata” para el oficialismo y el pacto, que tienen pactada ya una segunda vuelta entre Zury y Sandra (una que coronaría a la candidata de Valor con mucha facilidad, debido al antivoto que persigue a la exprimera dama).

Vamos a ello.

Mulet saldría fortalecido porque sus principales perseguidores no gozan de prestigio. La persecución a la libertad de expresión que han abanderado en el último año ha generado un rechazo mayoritario a su gestión. Esta “cacería de brujas” ya juega a favor del candidato en la opinión pública y dentro de los sectores más moderados, centristas y hasta progresistas. Ser perseguido por el “bully” del juego hace de Mulet otra víctima, pero con bandera de héroe, sobre todo dentro de una oferta electoral que carece de personas idóneas para el puesto.

Además, la salida de la carrera presidencial de los dos candidatos fuertes ya citados (Arzú -quinto lugar en 2019- y Cabrera -cuarto lugar en 2019) también beneficia a un Mulet que está, ahora mismo, captando tres tipos de votos: (1) El de una facción de la derecha dura que no piensa votar por Zury Ríos y que se ha quedado sin candidato con el vacío que deja Roberto Arzú. (2) El de la centroderecha, que ha sido su voto fiel desde las elecciones 2019. (3) El del “menos peor”, una manía común del votante guatemalteco que no vota a favor del candidato que elige, sino en contra de otro candidato más fuerte; en este caso, una Zury Ríos o una Sandra Torres (que suma los porcentajes más elevados de antivoto).

La decisión de Mulet de posicionarse como “el candidato moderado a favor de la libertad de expresión” le ha ganado aliados clave: la prensa, la comunidad internacional y los principales detractores del gobierno de turno que ahora ven en Mulet una alternativa en potencia. Y, cabe destacar, que si el voto de centroizquierda no encuentra cabida en los partidos que lo representan, como Semilla o VOS, puede que se decanten por Cabal, basados en la hoja de vida de Mulet, “muy ONU”. De hecho, la extrema derecha lo ve “muy progresista” y esa es una ventaja para él. 

Sin embargo, nada de esto cambia necesariamente las debilidades de fondo del candidato: (1) Partido nuevo, poco conocido y con bases débiles. (2) Imagen poco juvenil que no capta el voto centennial —que, según los datos de empadronamiento compartido por el TSE, suma el 27% del electorado— (3) Su apoyo a Giammattei en la segunda vuelta de 2019, que muchos siguen achacándole. (4) Miembros polémicos en Cabal, que no disfrazan que su rápido crecimiento se deba también a unas bases de dudosa intención y poca idoneidad.  

Si Mulet sale de esta, muy probablemente llegará a segunda vuelta. 

@godoyesjd

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Author: Maria Suarez