Aunque el escenario operativo parezca ralentizarse, siguen desarrollándose combates encarnizados con focos principales (de norte a sur) en Kupiansk, Kreminna, Bajmut y últimamente en Avdivka. Se advierte, en ambos bandos, la intención de dinamizar sus operaciones, desencadenando la respectiva ofensiva. La de las tropas rusas para hacerse con los aproximadamente 13.000 km2 que todavía no controla en el oblast de Donetsk. La más probable de las ucranianas, progresando por la dirección Zaporiyia-Orejov-Tokma-Berdiansk, para partir en dos la franja de terreno que enlaza el Donbass con la península de Crimea. Esta hipótesis daría sentido a las obras rusas de fortificación a lo largo de los 156 km del frente Vasilivka-Orejov-Vuhledar. Bien que, todavía, ni unas ni otras tengan potencia suficiente para desencadenarlas. Prosigue la escalada. Por parte ucraniana, al compás de la llegada de los primeros carros de combate pesados (Reino Unido, Alemania, Polonia y Noruega) con sus correspondientes municiones. De especial impacto es la declarada intención del primero de armar sus Challenger 2 con munición de uranio empobrecido. La respuesta de Putin ha sido contundente: acordar con Lukashenko desplegar en Bielorrusia armas nucleares tácticas. Añadiendo que tal arreglo no incumpliría los acuerdos internacionales de no proliferación, por ser similares a los de EE. UU. con países europeos (insinuando así la extendida sospecha de almacenamiento de armas nucleares norteamericanas en Alemania, Países Bajos, Italia y Turquía). Por no hablar del potencial ‘trasiego’ nuclear en suelo y aguas españoles en la zona de Gibraltar, colonia detentada por el Reino Unido y que, en el despliegue global de su flota, tiene asignadas, entre otras, las funciones de aprovisionamiento, mantenimiento y descanso de tripulaciones de sus submarinos nucleares. En todo caso, desde el punto de vista operativo, la dispersión de vectores de lanzamiento de armas nucleares tácticas en los espacios bielorrusos parece innecesaria, ya que Rusia tiene sobrada capacidad para, desde sus propios espacios y con sus medios, lanzar armas nucleares tácticas sobre Ucrania. El anuncio ruso, por tanto, parece una mera herramienta añadida para incrementar la tensión en general y, particularmente, la presión sobre los países de la OTAN más próximos a Ucrania. SOBRE EL AUTOR PEDRO PITARCH El autor es teniente general retirado del Ejército de Tierra. Fue jefe del Eurocuerpo y de la Fuerza Terrestre y director general de Política de Defensa en el Gobierno de Zapatero. Ocupó la jefatura de la División de Estrategia y Cooperación Militar del Estado Mayor de la Defensa, así como de la División de Logística del Mando Supremo de la OTAN.