Son “malas juntas” mezclarse con caudillos que someten a sus respectivos países y que se presentan en la Cumbre de Iberoamérica. Así lo ha dado a entender el líder del Partido Popular, Alberto Nuñez Feijóo, al cuestionar las zalamerías que les son prodigadas a los dictadores que acuden a las cumbres que congregan a Jefes de Estado y cabezas de gobiernos, en las que las agendas a discutir contemplan la defensa de los principios democráticos y de los derechos humanos. Entiendo que las críticas del líder gallego apuntan a esos dictadores que suelen concurrir a esos eventos a desarrollar sus atributos de impostores, exaltando los derechos de libertad de expresión, mientras que en los países que sojuzgan clausuran y asaltan periódicos, televisoras y estaciones de radio; hacen largas peroratas para glorificar los derechos humanos, mientras apresan, torturan y asesinan a los disidentes de sus regímenes; rezan el Padre Nuestro, empuñan crucifijos y se retratan con el Santo Padre y a la vez, en sus reductos o fortines, vejan a sacerdotes y lanzan todo tipo de atropellos contra los templos de la iglesia católica.