Nunca hemos sido partidarios de subestimar al adversario político y en caso de una dictadura mucho menos. Consideramos que es un error muy grande, al punto que muchos analistas lo han llegado hasta catalogar como un “pecado”. Por lo tanto, en lo que se refiere a Nicolás Maduro, no lo podemos hacer, sobre todo en este momento en que las fisuras de su régimen son ahora grietas visibles en lo interno. Y en lo externo también, representado en la percepción que tienen los ciudadanos del país de su presencia en Miraflores y el indecente manejo del erario público nacional, todo por causa de las ollas podridas de la corrupción que se han destapado en las últimas semanas, que involucran a funcionarios del más alto nivel del gobierno usurpador y a sus colaboradores más cercanos.