Candidatos ofrecidos y eternos

La selección de los servidores públicos debería de ser producto de una decisión comunitaria, al estilo de los consejos de ancianos o personas reconocidas y figuras ejemplares de la sociedad que designaran a potenciales prospectos por sus cualidades y habilidad, para que se dedicaran por unos cuantos años al servicio de la comunidad, digamos a sacrificarse por el bien común.  La recompensa sería de admiración, respeto  y aprecio.     Pero no sucede así, porque una tonelada de candidatos se pelean y disputan los cargos de tan alta responsabilidad como quien le pega al gordo de la lotería o a una piñata, hasta sacarle los confites.

Múltiples caras de conocidos y desconocidos se autoproclaman para las alegres elecciones, que no son tan alegres porque en realidad se atacan, insultan y juran ser los mejores, que ellos sí saben qué hacer, e invierten, negocian y en caso de ganar celebran como Baco en lugar de preocuparse por la seriedad del reto asumido, con la responsabilidad y exigencia del desafío que entraña.

Hay casos de candidatos sempiternos que cada cuatro años prueban para diferentes cargos, un día para presidente, otro para alcalde o diputado, luego de pasar inadvertidos entre elecciones, porque a saber de qué viven (lo que hace desconfiar, porque pareciera que las elecciones pueden ser un negocio en sí mismo donde lo terrible sería ganar, porque entonces habría que hacer algo), a quienes nunca se les miró aparecer durante la pandemia, porque viven sólo para los comicios, y luego duermen.   Participan con el partido que los recibe, o invierten en formar el propio, o se pasan al de sus oponentes.   No tienen experiencia ni disposición a darlo todo y aportar. Pero no faltan sus carotas cada cuatro años en los postes de la luz, con la selecta de la Primera Comunión, sugiriendo que son inmortales. sin vergüenza ante la cámara que revelan la verdad de la huella del paso del tiempo, que tampoco les ha cobrado mucho la factura porque su vida ha sido cómoda, no trabajan sino viven de las comisiones o tajadas que quizá les queda de los aportes espontáneos que reciben de sus financistas, según se asume, o del maná que cae del cielo con abundancia, porque gozan de lujos, casas de descanso, viajes por el mundo y demás beneficios por vivir de participar, perdiendo convenientemente siempre.

Otros personajes pasan por traidores o tránsfugas, porque pertenecieron por años a otro partido o equipo de trabajo, y se trasladaron movidos por la ambición o la ausencia de oportunidad, y pelean por su cuenta atacando desleales a sus antiguos camaradas, evidenciando la sin gracia de su ambición personal.   En política, habría que ser serios, que la gente escoja a quienes se necesita no a quienes dicen a mí, a mí. Y a quien haga bien su labor hay que agradecerle con honra y honor.

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Author: Maria Suarez