Hace un siglo, la espléndida generación del veinte, liderada por Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura 1967, entre otros, ya había participado en el levantamiento capitalino y popular en contra de Estrada Cabrera, en abril de 1920. Para mayo de ese mismo año, ya habían fundado la Asociación de Estudiantes Universitarios –AEU– y los matasanos fundaron el glorioso equipo de futbol, Escuela de Medicina, que posteriormente le diera vida a nuestro equipo centenario de la Universidad, que no es el que vendieron los cremas del Comunicaciones. Esta generación fantástica elaboró el primer turno o acreditación de la Huelga de todos los dolores de nuestro pueblo, para el año de 1923. Era una glorificación a la Tortuga: “Dios te salva Señora Tortuga, Madre amante de nuestro progreso; llena eres de nuestro embeleso, libre estás de sufrir la ley fuga y ya vas mereciendo cabal, el lugar que ocupa el quetzal”. El país recién salía de la dictadura de los veintidós años de Manuel José Estrada Cabrera (1898-1920), quien había caído en la Semana Santa trágica y sangrienta de 1920, ante una insurrección capitalina y quezalteca. El primer turno o acreditación hacia la glorificación al animalito, que hacía referente a su lento accionar, comparándolo al progreso de Guatemala. Lento, pero al final avanzaba, a paso de tortuga. Ya los huelgueros la eximían del invento criollo de Jorge Ubico Castañeda, la ley fuga, tal como lo denunciara el periodista y licenciado Clemente Marroquín Rojas, en su libro de 1926. Ubico, como se sabe, fue reivindicado por el propio Estrada Cabrera en las filas del ejército y beneficiado por beca del General José María Orellana Pinto para ir a conocer California y sus medidas sanitarias, con recursos públicos. Un siglo después, ante el fraude electoral realizado por veintidós traidores del Consejo Superior Universitario, entregándole al gobierno de turno a nuestra Universidad e imponiéndole un interventor apodado “Salchicha Vienesa”, en contubernio con jueces a millares que la justicia vendieron, estamos a menos de dos meses que se concretice un fraude electoral a nivel nacional, en el cual los traidores son los miembros del Tribunal Supremo Electoral que inscribieron a varios delincuentes y le vedaron el acceso a varios candidatos probos y honrados. A diferencia de hace un siglo, el país avanzaba a paso de tortuga, pero caminaba para adelante. Hoy, el país es un cangrejo que camino hacia atrás. Basta comprobar el estado de las carreteras, la calidad de las obras realizadas por los dos últimos gobiernos, la atención miserable que recibe nuestro pueblo en los hospitales nacionales y en los cementerios generales y de los municipios. Noten el papel jugado por los tres organismos del Estado, junto a la mayoría de instituciones cooptadas. La persecución a los periodistas de todas las tendencias y a los jueces y fiscales que impartían justicia y que se encuentran en el exilio, son la mejor prueba. Un nieto del periodista Marroquín Rojas, el Ingeniero José Rubén Zamora Marroquín, director de elPeriódico y la exfiscal Virginia Laparra se encuentran detenidos injustamente, por realizar su trabajo limpiamente. La privatización por el Pacto de Corruptos del patrimonio público sigue su marcha acumuladora, desde carreteras a puertos, pagados con fondos del erario. El turno o acreditación de 2023 está dedicado a la glorificación de la Tortuga y el Cangrejo. Dice así: “¡Parece recto, Presidente traidor! ¡Ponga atención, mal llamado Rector! Sabemos del fraude en su elección, huelen a mafias, narcos y traición. Es tanta la corrupción y la cooptación, que cien años llevó la transformación, para convertir una tortuga en un cangrejo ante la indiferencia de un pueblo pendejo. A los 125 años de Huelga de Dolores, pongamos un alto a los malhechores, volvamos a la lucha patria, libre de temores, y digamos corruptos, impunes y traidores: ¡Aquí está tu son Chabela!