A partir del 27 de marzo, cuando el reloj marcó las cero horas dando el banderazo para que iniciara la campaña electoral, invadieron las vías públicas de alto tránsito los nuevos y viejos políticos ansiosos y desesperados con sus variadas pancartas propagandísticas, para promocionarse, venderse, hacerse conocidos, o avisar los famosos que iban a participar en la contienda. La cantidad de interesados sorprendió a la población, porque ni los cachitos de la lotería logran atraer una fila tan grande en los puntos de venta cuando se juega el premio mayor, y eso que en las apuestas se arriesga poco y nadie se entera. Con las elecciones es distinto, y no debiera de ser una meta tan codiciada, porque quién se atreve a participar a cuenta de enemigos gratuitos, a pagar cualquier error o locura del pasado, y ¿para qué exponerse a todo tipo se señalamientos, reales o calumniosos, directos o anónimos, cuando el propósito es servir a los demás, sacrificarse, desvelarse, cumplir unos cuantos años en favor de la patria?
Tanto deseo espontáneo de servir a la comunidad no suena tan creíble, sino sospechoso.
Hace un mes, la mañana de lunes sorprendió el rostro conocido en un cartel de gran formato de la presentadora de televisión Massiel, a quien algún chapín ingenioso y desocupado no tardó en hacer un montaje en traje de baño, de aquellos que ella afirma en sus redes es coleccionista, y prefiere azul pavo, negro y blanco, desatando la risa y alegría. Lo viral del comentario levantó en conocimiento, y los seguidores de perfiles femeninos que admiran la apariencia y adivinan implantes a la usanza de las telenovelas de narcos, hicieron fiesta. Hoy en día, la gente pasa por la Avenida Roosevelt, frente a la valla, y siguen convencidos de haberla visto en calzoneta, aunque no sea verdad. Incluso, ella tuvo que salir a defenderse preguntado por qué le tenían miedo, y la verdad nadie expresó nunca tal emoción, sino apenas fue por unos días el pavo de la fiesta.
El síndrome Massiel lo envidiaron quienes salieron al mismo tiempo con sus materiales, sin éxito. Porque no basta estar presentes sino hay que añadir marketing para hacerse notorios, como Neto Bran con la cara herida por el puñetazo del Tres Quiebres. Luego, se esmeraron en soltar improperios, usaron frases con doble sentido, todo inapropiado con tal de alcanzar el cielo prometido.
La política es un asunto serio, un compromiso muy delicado. Hay que cumplir en los cargos públicos con diligencia, ganarse el respeto social, dar el ejemplo a las siguientes generaciones. La democracia demanda responsabilidad, no es una feria ni las elecciones un evento alegre, bailable y podrido.