El momento político en Venezuela ha llegado a un punto de intolerancia tal en gravedad, que es difícil tratarlo con paliativos políticos convincentes, ya que la tal intolerancia se apoderó hasta de los intelectuales que antes decían que dejaban la política en manos de los líderes de los partidos, sin darse cuenta que estos desaparecieron, como fue el pronóstico, desde que la desidia partidista desmembrada en múltiples partidos, creyó que era buena política la del engaño con el fraude electoral, la abstención y el mutuo ataque entre los mismos líderes.