Es urgente que la dignidad se nos haga costumbre

Los chats virtuales son riquísimos para medir cómo pensamos y reaccionamos las personas que interactuamos a través de ellos. Recientemente en uno del que soy parte se socializó un video de una persona que hace una reflexión en el marco de elecciones generales, a propósito de que andamos en esas por estas tierras. En dicho video la persona manifestaba que ante los políticos no debemos seguir pidiendo “ayudas” para resolver nuestros problemas, si no más bien, condiciones favorables, o sea, políticas eficientes y eficaces para no tener los problemas que tenemos, así como dejar de estar agradeciendo, ni aplaudiendo, por los proyectos o programas que se implementan porque eso es su obligación. El influencer reta a los políticos a usar, para sus hijos e hijas y demás familia, los sistemas públicos de educación, salud, transporte, etc. que tanto dicen en sus discursos van a “transformar”, y que dejen de estar construyendo un país para ellos y otro para la población en general. Esta persona termina diciendo que los y las ciudadanas no debemos seguir mendigando a la clase política lo que por derecho nos corresponde y le exige a dicha clase no seguir abusando de la ignorancia de la población. 

La persona en cuestión dice todo esto con mucha vehemencia, es evidente que lo hace con la fuerza que sale cuando se conecta el corazón con la razón, por algo se ha de llamar co-razón ese órgano. Luego, en el chat que les comentaba, la gente reaccionó diciendo que no se permitía “nada de política, ni de religión, ni de otra cosa que no tuviera que ver con problemas de su comunidad”, como si todos esos problemas no fueran políticos. Pero el mensaje que más me llamó la atención era uno que decía “no es necesario estar pasando videos educativos para redundar en una temática por demás trillada”; y ese comentario me hizo pensar en esa frase que en La Cuerda hemos acuñado “hasta que la dignidad se nos haga costumbre”.

Porque puede ser cierto que esta muy trillado hablar de esas cosas, pero necesitamos volver a conectarnos y sentirnos como sujetos políticos con derecho a tener una vida digna y justa en donde todo trabajo que hagamos – hombres y mujeres- sea reconocido y remunerado adecuadamente, es decir que garantice, por lo menos, la canasta básica vital, y que podamos retirarnos con una jubilación que nos permita vivir dignamente; a un transporte público que nos permita poder salir a las 8 de la mañana de nuestras casas, con asientos cómodos, sin “música” invasiva y con un piloto que respeta todas las señales viales y que sobre todo sea consciente que transporta a seres humanos; a tener aceras adecuadas donde poder caminar sin riesgo a que una sea atropellada o en el peor de los casos a desaparecer porque se ha ido dentro de un hoyo marca “infinito”; a tener sistemas de salud y educación eficientes que prevengan enfermedades corporales, pero también espirituales y sociales; a poder pasar a parques llenos de árboles y poder descansar bajo su sombra y recibir de ellos su oxígeno pero también su energía para continuar con la jornada, en fin… a todas estas cosas y otras más, lo que algunos académicos llaman “calidad de vida”, pero los pueblos llaman “buen vivir”.

Todo ello requiere que nos duela realmente seguir (sobre)viviendo como lo hacemos hasta ahora, que nos indigne esa forma de vida a la que nos han sometido y que nos creamos que debemos vivir de otra forma; es preciso para ello que esos mensajes trillados se nos metan hasta la médula para poder hacer, ahí sí, las transformaciones que necesitamos para la vida que merecemos. Como dijo un antiguo sabio asiático: “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. 

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Author: Maria Suarez