Cualquiera que sea escogido como autoridad en las próximas elecciones de la Universidad Central de Venezuela tendrá ante sí una tarea gigantesca: rehacer el funcionamiento institucional, activar mecanismos que puedan generar los recursos que la universidad necesita, configurar un nuevo tipo de relación con la sociedad y con el Gobierno, y llevar a cabo un conjunto de transformaciones impostergables en la administración, la extensión, en la estructura académica y en los programas de pregrado y postgrado. Todo esto tendrá que procurar hacerlo, además, en una situación de extremo deterioro de las condiciones materiales de vida, así como de una extendida desesperanza.