Si las personas no gritamos indignados por la tragedia del Centro de Migración en Ciudad Juárez México en la que perdieron la vida 39 migrantes que trataban de llegar a los Estados Unidos, las piedras mismas clamarían al cielo exigiendo justicia. No es la primera vez en que la muerte se ceba en hombres, mujeres y niños cuyo solo “delito” es querer escapar de la pobreza y la inseguridad provocada o tolerada por gobiernos ineficientes, corruptos o autoritarios que controlan los territorios de nuestra América.
La responsabilidad y la culpa de estas tragedias la compartimos muchos. Son, no solo los gobiernos de los países involucrados en la expulsión de cientos de miles de seres humanos sobre quienes recae la responsabilidad y la culpa, sino también de los ciudadanos de todas estas naciones que no hemos logrado transformar nuestros Estados en zonas que respeten y hagan efectivos los derechos básicos de toda persona.
Llegar a los Estados Unidos es la meta a la que aspiran casi todos los migrantes de este continente. Las condiciones de vida, reales o imaginadas que existen en aquella nación, son el atractivo que los mueve a enfrentar los obstáculos y los peligros del viaje. La mayoría son conscientes de las dificultades que habrán de enfrentar. Sin embargo, nada parece detenerlos. No los detiene el saber que una primera barrera que enfrentaran será la “Guardia Nacional” mexicana y el Instituto Nacional de Migración de ese país, quienes, violentando el espíritu de la ley y la garantía constitucional de libertad de tránsito, les dificultará su penosa peregrinación. Saben también que estarán expuestos a extorsiones de los “coyotes” y los secuestros por parte de los integrantes de múltiples bandas criminales que operan a lo largo de los miles de kilómetros que los separan de la frontera estadounidense. Saben del reciente endurecimiento de la política fronteriza de los Estados Unidos y de su inmediato regreso a México si logran cruzar el “muro” construido en la frontera. Saben que aspirar a entrar legalmente les será prácticamente imposible. El sistema de inmigración estadounidense está básicamente colapsado. Los tiempos de espera para lograr la deseada visa son largos y si se hizo la petición de asilo, o bien recibirán una negación de inmediato o la espera a la decisión de la corte administrativa los obliga a aguardar en México durante un larguísimo tiempo.
Afortunadamente el gobierno mexicano está reaccionando ante la tragedia. Los encargados del Centro de Migración y las autoridades de Ciudad Juárez están siendo investigados para deslindar responsabilidades. Es claro que no se observaron ni accionaron los protocolos de seguridad establecidos originando la terrible muerte de individuos inocentes. Sin embargo, la responsabilidad no puede quedar limitada a la conducta de quienes operan los niveles inferiores de la autoridad. Sin duda también son responsables los mandos superiores.
Es importante recordar que la migración irregular es una actividad peligrosa que pone en riesgo la vida de las personas que la emprenden, y que es necesario abordar las causas estructurales que llevan a las personas a emigrar en condiciones precarias y peligrosas. Quizás se deban enfatizar entre estas al cambio climático y los desastres naturales que este está provocando cada vez con más frecuencia, desplazando a las personas de sus hogares y comunidades, lo que los lleva a movilizarse arriesgándolo todo.
Asimismo hay que considerar entre estas causas estructurales a la discriminación y la exclusión social por diferentes factores, tales como las preferencias sexuales, las identidades de género, el color de piel o la pertenencia a ciertas etnias particulares pueden ser causas de empujar a las personas a emigrar en busca de ambientes más inclusivos y tolerantes.