Guatemala es un pueblo de Dios. Frase que se escucha recurrentemente en la voz afable de mensajes clericales; y de un tiempo para acá, politicastros de voz cavernosa, la repiten demagógicamente, vaciándola de contenido. Lo cierto es que la bienaventuranza. Para este pueblo. Tarda en llegar. Lejos de ello hemos sufrido crueles tormentos y permanentes angustias. Dan fe de ello miles de pensadores, personas sencillas, honradas, trabajadoras y las juventudes. Perseguidos por sus ideas. Hemos soportado hecatombes: hambre diaria, exclusión de escuela y futuro. Robo de aguas y tierra histórica, hasta muerte por desaparición, fuego o bala militar. Devastación de bosques. Sucesos climáticos ensañados sobre población vulnerable. Lo de pueblo de Dios solo es una palmada de ánimo en voz de clérigos y abominable verborrea espetada por politicastros.
¿Por qué la pesadumbre? Misael Sen Soc, Eliseo Neftalí Sapón Jeteyá y Nicolás Díaz Pacach. Mártires ambientales de este país. Guardan prisión en carceleta de Mazatenango. Castigados por defender el río Nahualate de la –comunitariamente– rechazada apropiación de sus aguas por hidroeléctrica Edén/Santa Teresa. Sin ningún beneficio para San Antonio Suchitepéquez. ¿Qué delito les endilga el Ministerio Público a los encausados? Robo agravado e instigación para delinquir. Acusadores: terrateniente poseedor de Finca Edén en donde se construye la hidroeléctrica y alcalde del municipio. Dos años lleva de trámite la causa. El relato comunitario y del Comité de Unidad Campesina: refiere que la empresa promotora de esta hidroeléctrica es conocida por el uso indebido del derecho penal; actuó de igual manera, en Tucurú, Alta Verapaz, en donde pidió y obtuvo el encarcelamiento de comunitarios que defendían su tierra. La entidad –refieren– es parte de Corporación Multi Inversiones. Lo obvio, es que administradores del Estado y elite económica, han optado por imponerse a través del miedo a la sociedad. Deciden –tras bambalinas– quien deber ir a prisión por señalar desmanes empresariales o estatales. A la par que –alegremente– son permisibles entre sí. Se dejan hacer y pasar a mutuo: los de “lo público” con su corrupción y los “emprendedores” navegar a sus anchas, en un sistema mercantilista atávico. Amamantados por un Estado que cuida de sus intereses con soldadesca e instituciones.
Me uno a las voces que solicitan libertad de Misael, Eliseo y Nicolás, quienes –relatan– ni siquiera estuvieron presentes en lugar y fecha que la acusación señala cometieron el robo. Creo en su palabra, igual que en la inocencia y honorabilidad de Rubén Zamora y Virginia Laparra. Fin al estado de terror carcelario. Llegará la aurora.