Así explicada la cesión de Belice en el libro que lleva el mismo título que este artículo, presentado en SOPHOS la semana anterior, William Walker desembarcó en Honduras en 1860, donde fue detenido y fusilado por marinos británicos como acordado con Guatemala. Más adelante, con el apoyo de Benito Juárez y de la Casa Blanca, el espacio centroamericano quedó bajo la batuta de EE. UU. desde 1871, cuando secundó la “revolución cafetera” del insurgente mestizo Justo Rufino Barrios y del criollo de la élite Miguel García Granados. El régimen forjó una dictadura cafetera “progresista”, abierta a la inversión estadounidense –el dólar en una mano y la Biblia en la otra– y amplió la producción del café vía la expropiación de tierras de la Iglesia y de los mayas, antes protegidos por Carrera. Así, el régimen recreó la nueva oligarquía con un ejército de ocupación y una Escuela Politécnica a su medida.
Al caer los precios de café en 1898, muchas de las grandes fincas de café hipotecadas, al no poder pagarlas, pasaron a empresas alemanas. Minor Keith se hizo de gran parte de las dos costas para producir banano. También de las líneas férreas entre los puertos del Caribe y el Pacífico. Así, los intereses germanos, estadounidenses y de la élite local formaron el triángulo del poder durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920) que, al final, los manipuló a su modo. A la caída de este dictador en 1920, los generales asumieron el poder bajo la pax americana: Washington reguló las economías y finanzas del istmo con una reforma monetaria para que los países centroamericanos pagaran su deuda externa inglesa, porque pasó a manos de Wall Street. Los generales apoyaron la expansión de la United Fruit Co. para adquirir la telegrafía y la producción eléctrica germana y, al hacerlo, diversificaron su emporio. Esta se fusionó en 1929 con la Cuyamel que producía bananos en Honduras, pero el dueño de esta, Sam Zemurray, asumió el control de ambas bajo el nombre de United Fruit Co. Esta pasó de tener plantaciones en Costa Rica, Honduras y Guatemala, a tenerlas en Colombia, Ecuador. En Cuba, azúcar.
Tras la depresión de 1929, importantes fincas de caficultores de la oligarquía guatemalteca pasaron a manos de firmas comercializadoras de café alemanas por no pagar sus hipotecas. La Asociación Guatemalteca de Agricultores (AGA) protestó por ello el general Jorge Ubico la clausuró y otorgó una gran concesión de tierras en Tiquisate a la United Fruit Co. Empero, embargó los bienes alemanes en la II Guerra Mundial en 1941 por presión de Estados Unidos y el gobierno de Ubico se hizo rico con las ventas de café de exportación de las fincas alemanas embargadas.
En Guatemala, en octubre de 1944 tomaron el poder los jóvenes oficiales, universitarios, maestros y empresarios. Se modernizó el Estado para dejar atrás el régimen opresor del campesinado y elevar el nivel de vida de las clases medias. Entretanto, se desató la pugna por los bienes alemanes, que era la mayor riqueza vista en el país, que nacionalizó el general Ponce Vaides ese año al asumir la dictadura tras la renuncia de Jorge Ubico. Fue una revolución democrática y el país prosperó para bien de la población en medio de conjuras repitentes de la oposición. El nuevo régimen creó la Legión del Caribe, para luchar en armas contra las dictaduras del área y propició un cambio en Costa Rica con José Figueres, pero falló la insurgencia en deponer a los dictadores de Nicaragua y República Dominicana (Somoza y Trujillo), quienes se vengarían después. La reforma agraria de Árbenz, iniciada en 1952, dio tierras a más de cien mil campesinos. Pero al ser afectadas buena parte de las tierras de la UFCo se produjo la intervención estadounidense junto a los dictadores del Caribe contra Jacobo Árbenz. Así, en 1954 se dio fin la “primavera democrática”, y pareció que en el mundo bipolar tanto Washington como Moscú no toleraron más disidencias ni nacionalismos en las áreas bajo su influencia, según el reparto del mundo suscrito en Potsdam en 1945 por los aliados.