El comunismo como idea, no como doctrina, ha sido idealizado en el mundo occidental a través de la historia. Hunde sus raíces en tradiciones judeocristianas, que evocan comunidades en las que todo o casi todo se poseía en común o, en cualquier caso, era de usufructo común. Vienen a la mente sectas bíblicas como la de los esenios o de las comunidades cristianas primitivas, en las que había una clara proscripción del lucro, del afán por la riqueza, hasta el punto de elevar la pobreza, la sencillez y la humildad en virtudes a ser emuladas. Encontraba justificación en la situación de baja y estancada productividad que caracterizaba a la antigüedad, en la cual la mejora visible en las condiciones de vida de alguien era necesariamente a expensas de las de otros. Sustentaba un criterio de justicia que abominaba de las diferencias de riqueza. La solidaridad y la comunión de propósitos eran imperativos de sobrevivencia en tales condiciones, y se expresaban en la forma de hábitos y normas de convivencia estrictas, que debían ser observadas por todos sus integrantes. Con base en éstas se asentaron códigos morales severos –los 10 mandamientos, por ejemplo—amparados en creencias religiosas, que intimaban a que fuesen cumplidos, so pena de castigo divino.