El Gobierno de Meloni ha declarado la guerra a la carne cultivada , creando revuelo y un gran debate sobre la cultura alimentaria. La carne sintética es una revolución anunciada desde hace años. Pero en Italia no llegará al plato. «Nuestro Gobierno es el primero del mundo en prohibir los alimentos sintéticos , porque creemos que no garantizan la salud, la calidad y la protección de nuestra cultura y tradiciones», ha dicho el poderoso ministro de Agricultura, Seguridad Alimentaria y Bosques, Francesco Lollobrigida, cuñado de Giorgia Meloni . En el Consejo de Ministros del 28 de marzo se aprobó un proyecto de ley que prohíbe la producción y el comercio en Italia de alimentos como la carne sintética (o mejor dicho, carne cultivada): es decir, elaborados a partir de células animales en el laboratorio. La diferencia semántica no es irrelevante, porque comer carne «cultivada» parece que provoca menos rechazo que el término «comida sintética». Carne de laboratorio REUTERS La carne cultivada es carne : un pequeño trozo de células madre extraídas de un animal y luego alimentadas con una mezcla de aminoácidos, azúcares y vitaminas. Ya se ha autorizado la comercialización de carne cultivada en Singapur (concretamente de pollo) y se ha dado también un primer paso para su consumo en Estados Unidos. Igualmente, en Tel Aviv (Israel), la empresa tecnológica alimentaria SuperMeat, matriz del restaurante bistró-laboratorio The Chicken, ofrece a los clientes carne de pollo sintética, pero deben firmar un certificado asumiendo eventuales riesgos para la salud. Mientras, la investigación progresa: se dedican a ello 107 empresas en 25 países. Noticia Relacionada reportaje Si El pollo del siglo: el error que cambió la industria cárnica en EE.UU. Javier Ansorena La primera potencia mundial es líder en producción y casi en consumo per cápita de este tipo de aves. El imperio, según la leyenda, lo inició un ama de casa Pero el bistec y el pollo artificiales «no llegarán a la mesa de los italianos», ha dicho en el Parlamento el ministro de Agricultura Lollobrigida. «Con el proyecto del Gobierno –añadió– se defiende la salud y el ambiente de los nuevos bárbaros que actúan en nombre de una cultura que no tiene nada que ver con el progreso». Para los infractores, están previstas sanciones desde 10.000 hasta 60.000 euros, y pueden alcanzar incluso al 10% de la facturación de la empresa castigada. El ministro de Agricultura explicó así la decisión del Gobierno: «Existe un riesgo de injusticia asociado a los alimentos sintéticos, en una sociedad donde los ricos comen bien y los pobres no. No hay una actitud persecutoria, sino una fuerte voluntad de protección». Quejas de los ganaderos La batalla contra la carne sintética la inició en Italia la poderosa asociación de productores agrícolas italianos (Coldiretti), que hoy celebran esta decisión exultantes. Su influencia se hizo sentir también contra las harinas de insectos. Tres meses después de que la Unión Europea aprobara la comercialización de harina de grillo , el Gobierno Meloni respondió el 23 de marzo con restricciones a la venta de harinas y productos a base de insectos, como grillos, langostas, larvas y gusanos. Son harinas con un mayor porcentaje de proteínas . La de grillo, en particular, cuesta en Italia 30 euros el kilo. Se ha prohibido su utilización en la pasta y la pizza . Deberán venderse con etiquetas que informen del riesgo de reacciones alérgicas y colocarse en estanterías especiales en los supermercados. «Los ciudadanos deben poder adoptar decisiones conscientes y estar informados desde todos los puntos de vista», dijo Giorgia Meloni. Una biotecnológica salmantina Tebrio trabaja para abrir en la provincia la «mayor granja de insectos del mundo» EFE Hay quienes ven un cierto nacionalismo identitario en estas medidas. Siguiendo esta línea, el Gobierno acaba de presentar la candidatura de la cocina italiana a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. «Esta candidatura es la respuesta a quienes quieren imponer una dieta global basada en insectos y alimentos sintéticos sin ningún vínculo con el territorio, la agricultura local, las tradiciones y la cultura», manifestó Ettore Prandini, presidente de Coldiretti. Fundamental ha sido la presión ejercida al Gobierno por Coldiretti, que promovió la recogida de firmas de medio millón de italianos para prohibir la carne de laboratorio : «La decisión del Gobierno salva 580.000 millones de euros de los alimentos Made in Italy (más de la cuarta parte del producto interior bruto de Italia). La comida se ha convertido en la primera riqueza italiana», comentó orgulloso Ettore Prandini, presidente de Coldiretti. Según él, «la investigación de los alimentos sintéticos está financiada por multinacionales vinculadas a las grandes empresas farmacéuticas». A favor Las ventajas de los alimentos sintéticos son conocidas: no se matan ni sacrifican animales y se reducen los enormes costos ambientales –la carne real es responsable del 16,5 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero – , no produce residuos, no requiere mucha agua y necesita un 99% menos de uso de suelo. También hay desventajas, que explica el profesor Giorgio Calabrese, conocido experto en alimentación: «Hay mecanismos que surgen de las células madre y que bloquean algunos genes, como el P53, que frena el desarrollo de células cancerosas». Sin embargo, en Estados Unidos la Food and Drug Administration afirma que no hay peligro en el consumo de carne sintética y carne vegetal. La diferencia entre ambas es que la carne sintética se elabora a partir de células madre de animales, mientras la carne vegetal utiliza principalmente las legumbres. La iniciativa del Gobierno Meloni ha sido criticada por las empresas que investigan sobre la carne sintética. En Italia hay diversas universidades que realizan estudios en este campo. Roberto Defez, del Instituto de Biociencias de Nápoles, lamenta la decisión del Gobierno: «Estamos perdiendo una oportunidad extraordinaria. En Italia estamos a la vanguardia de la investigación con células madre ». «Existe un riesgo de injusticia asociado a los alimentos sintéticos, en una sociedad donde los ricos comen bien y los pobres no» Hay multinacionales que olfatean que la carne sintética puede llegar a ser un buen negocio en el futuro. El comercio mundial de carne tradicional ha aumentado un 58% en los últimos 20 años. El gran debate actual es sobre la sostenibilidad a largo plazo de este consumo. Según una investigación realizada por el World Economic Forum , cada año se sacrifican 50.000 millones de pollos, 1.500 millones de cerdos, 1.500 millones de ovejas y 300 millones de vacas. Para atender a una población de más de 9.000 millones, se estima que la producción de carne aumentará en un 73% para 2050. Sostener este nivel de crecimiento requiere aumentar el uso de la tierra entre un 30% y un 50%, con el consiguiente incremento de contaminación, consumo de agua, etc. Noticia Relacionada Alimentación estandar No Carne sintética e insectos en el menú: así creen los españoles que se comerá en el año 2050 Un 15% de los consumidores piensan que habrá alimentación personalizada en función del ADN de cada individuo El problema inicial de la producción de carne sintética es el precio. En 2013, la primera hamburguesa hecha con carne cultivada en laboratorio en la Universidad de Maastricht costó casi 290.000 euros. Los costes se han reducido muchísimo. A principios de 2021, la empresa británica Future Meat Technologies anunció que había logrado hacer una pechuga de pollo de 160 gramos por solo 4 dólares. Según un análisis de la sociedad McKinsey, para 2030 la carne sintética costará tanto como la carne animal. Y Barclays estima que la facturación de los filetes sintéticos podría alcanzar los 450.000 millones de dólares en 2040, o el 20% del mercado mundial de la carne. Decisión europea Una encuesta encargada por Coldiretti indica que el 84% de los italianos se opone a la carne cultivada. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) aún no ha recibido ningún expediente con una solicitud de aprobación, porque aún no se han definido en detalle los protocolos necesarios. A la espera están ya diversas sociedades. Una vez que la EFSA apruebe el consumo de la carne cultivada en los Estados miembros, Italia no podría oponerse a su distribución, porque debe someterse a las normas comunitarias sobre la libre circulación de bienes y servicios. Al Gobierno Meloni le quedaría el recurso de ponerle trabas, como ha hecho con las harinas de insectos, también aprobadas por Bruselas, pero marginadas por un decreto del Ejecutivo, «desterrándolas» en estanterías especiales en los supermercados. La guerra patriótica del Gobierno Meloni contra la carne sintética ha abierto un gran debate en un terreno, la cultura alimentaria, que a buen seguro deparará cambios y sorpresas en el futuro.