Jon Rahm, el león de Barrica que se come los grandes del golf

Cuando se habla de genios y de genialidades siempre es difícil establecer comparaciones. Sobre todo en una sociedad tan cambiante como la actual, que está innovando constantemente y busca ídolos con la voracidad de un consumismo incesante. En el mundo del golf profesional las estrellas han brillado desde hace siglo y medio. Los primeros ganadores de los abiertos Británico y de los Estados Unidos tenían un amplio reconocimiento entre los profesionales del golf pero la consideración de estrellas no se consiguió hasta después de la II Guerrra Mundial. Ben Hogan, Gene Sarazen, Walter Hagen o Harry Vardon arrastraron a las masas pero fue el gran trío formado por Arnold Palmer, Gary Player y Jack Nicklaus, a partir de los años 60, cuando se dio un empujón definitivo a este deporte como elemento de consumo. La vara para medir hasta qué punto un golfista era bueno o superior era su capacidad para ganar ‘majors’ y en esa categoría se consolidó el ‘Oso Dorado’ como el más grande, con 18 galardones. En las tres últimas décadas fue Tiger Woods el que le tomó el relevo como ‘crack’ internacional, pese a que otras figuras como Severiano Ballesteros o Nick Faldo empezaron a sumar títulos también para Europa. La apertura de la Ryder Cup al Viejo Continente también ayudó a que se estableciera la lucha binaria a ambos lados del Atlántico. Entre tanta competencia, los golfistas españoles empezaron a destacar a su manera. Primero como pioneros de una disciplina y una sociedad que no fomentaba sus logros (como Ángel de la Torre, los hermanos Miguel o Ramón Sota) y, después, ya con el reconocimiento popular de un deporte cada vez más en alza. La espita de los triunfos en los torneos del ‘Grand Slam’ la abrió Seve en 1979 (‘British’) y la continuó un año después en el Masters. Su cuenta llegó hasta cinco con otras dos Jarras de Clarete (1984 y 1988) y otra chaqueta verde (1983). El relevo lo tomó Chema Olazábal en Augusta con sus logros en 1994 y 1999 antes de que Sergio García le emulase en 2017. Noticia Relacionada masters de augusta estandar Si El periscopio de Jon Rahm: el debate de la tecnología en el golf Miguel Ángel Barbero Aunque no dejan de tener detractores, los medidores de láser se han instalado en el golf y casi todos los jugadores lo usan en las prácticas. Por ahora están vetados en los torneos Hasta aquí llegó una época dorada del golf español que parecía que tocaba a su fin con ‘el Niño’. Mas, afortunadamente, un talento prodigioso surgido de la cantera de la Federación Española se encargaría de reavivar el fuego del golf entre los aficionados al deporte en España. Se trataba de Jon Rahm, que en apenas una década ha conseguido eliminar los peores prejuicios que pudieran existir hacia el golf: que fuera una actividad elitista o poco competitiva. Con sus triunfos en el Circuito Americano, primero, y en el Europeo, después, fue haciéndose un hueco entre los líderes clásicos hispanos (Fernando Alonso, Pau Gasol o Rafa Nadal) hasta el punto de copar minutos en los telediarios y de ver de su imagen en anuncios por la calle. Con su victoria en el Open USA de 2021 rompió un techo de cristal por el cual ningún nacional sería capaz de hacerse con el grande más americano de todos, ese que se le había negado recurrentemente a las tres anteriores estrellas patrias. El ‘León de Barrica’ demostró que con su adecuada formación reúne todas las características precisas para conseguir lo que se proponga: tanto ganar ‘majors’ como alcanzar el número uno mundial por sus repetidos triunfos. A estas alturas, con 28 años, ya ha ganado 19 torneos internacionales por todo el planeta (dos de ellos de la máxima categoría, lo que le iguala a Olazábal) y se ha convertido en el español más laureado de la historia. Sólo tiene por delante a Ballesteros (77), Miguel Ángel Jiménez (35), García (33) y Olazábal (29) en la tabla de todos los tiempos. No seguía las pautas de estos, pues ni trabajó en un campo de golf ni su familia lo hacía. Sus padres se aficionaron con la Ryder Cup de 1997 y desde entonces su afición hizo el resto. Carlos Celles descubrió sus aptitudes en su escuela de Bilbao y luego fue becado por la Española y en la Residencia Blume. «Desde el principio se le vieron unas cualidades excepcionales, como la cabeza, la fe en los suyos y la gratitud hacia quienes le han ayudado», reconoce el presidente Gonzaga Escauriaza. Su posterior etapa universitaria en Arizona State terminó de moldearle hasta convertirle en la estrella que es.

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Author: Pablo Perez