Estamos a dos meses de la primera vuelta de las elecciones en las que los guatemaltecos elegiremos libremente a Presidente y Vicepresidente, Diputados, Parlamentarios y Alcaldes. Este será un proceso institucional en el que los electores elegiremos con nuestro voto, entre una inmensa pluralidad de candidatos que aspiran a ocupar los cargos políticos en esta nuestra cimarrona e incipiente democracia representativa.
En esta oportunidad tendremos más o menos treinta partidos y sus respectivos candidatos participando, lo que a mi parecer es ridículo, esperpéntico y absurdo. Digo lo anterior porque en un país en el que iremos a votar unos cinco millones de ciudadanos con media docena de partidos alcanza y sobra. A mi leal saber y entender les señalo los que podríamos tener en Guatemala: un partido de extrema izquierda y otro de extrema derecha; un partido de izquierda moderada (¿qué será eso?) y otro de derecha moderada (¿qué será eso?) y un par de partido “gallo gallina” o sea de “centro”, esos que no saben lo que quieren ni lo que son.
Yo, igual que usted nos hemos sonreído al ver los nombres de algunos de los partidos políticos y sus símbolos, sinceramente no se sabe si es por ignorancia, por cinismo o por burla hacia los propios electores pero bueno, esto es parte de “Las alegres elecciones”, en el “Tercer Mundo”. Lamentablemente y sin sonrisas sino con gesto adusto podemos ver que no hay ofertas concretas por ahora que entusiasmen, que motiven para ir a votar; todo es vago, nebuloso nada “aterriza”, no hay ofertas claras ni concretas. Para que nos entendamos voy a poner algunos temas y ejemplos que podría definir a un candidato. Empecemos con la pena de muerte (tal vez alguien lo ha hecho). Cuando se plantea el tema los candidatos evaden entrar en detalles, por ejemplo nadie ha dicho que denunciará el “Pacto de San José”, todos quieren quedar bien con Dios y con el diablo.
Sobre la corrupción, todos lamentan que la haya en nuestro país pero nadie advierte cual será el severo castigo, a quien se le demuestre actos de corrupción. ¿Cómo reaccionaría el elector de enterarse que un candidato proponga la reforma al Código Penal, para castigar con la Pena de Muerte al funcionario de Gobierno que se le comprueben actos de corrupción? Estoy seguro que aplaudirían la oferta.
Ningún candidato, de los que yo haya escuchados, habla categóricamente de quintuplicar el presupuesto de educación, con la condición de renegociar los pactos colectivos. De eso no se habla, nadie quiere quedar mal con Joviel y quien lo hace puede tener la seguridad que a la larga perderá más de lo que aparentemente se gana.
Tampoco hablan los candidatos de reducir la carga tributaria ni de una reforma fiscal inmediata. Para que crezca la economía del país no se debe perseguir a los industriales, comerciantes o empresarios agrícolas; al contrario debe el gobierno ser aliado del sector productivo del país, única forma de generar empleos.
Nos gustaría conocer la opinión sobre estos temas de Zury, Sandra, Edmond, “Meme”, Isaac, etcétera.