Cuando John Adams le reconocía a un país su libertad para cobrarse las injusticias de la tiranía y legitimaba el derecho de una nación a matar un tirano en caso de necesidad, desdecía por instantes de su condición de ser uno de los artífices de la constitución estadounidense, cuyos principios básicos están inspirados en el autogobierno mediante la ley, la libertad y los derechos humanos.