¿Lo personal es político?

Sé que la frase con la que titulo mi columna proviene del ensayo que publicó Carol Hanisch, figura del Movimiento de Liberación de las Mujeres en Estados Unidos, en 1969, y hace alusión a las “experiencias personales con la estructura política y social”, dentro de un contexto muy específico: la segunda ola del feminismo, que cobraba una nueva fuerza en aquellas décadas. Sé también —o lo anuncio, más bien— que esta columna no tiene que ver con el feminismo retratado en aquella frase, aunque sí con algunas de las narrativas que emergen de ella. En el contexto de la campaña electoral 2023 en el país, esta frase ha surgido mientras investigo a los candidatos para los diversos puestos públicos que van a disputarse este 25 de junio: ¿Será que en estas elecciones lo personal también es político? 

Vamos a ello.

Si lo personal es político o no, debiera ser una cuestión para interrogarse desde dos perspectivas: la del candidato que opta por ser electo a un puesto y la del elector que decide si votarle o no. ¿Lo personal es político? Reflexionemos.

Como candidato, ¿acaso la decisión para postularme a un puesto público debe traer consigo la decisión de desnudar y ventilar mi información privada y sensible? ¿Qué tanto vale mi privacidad y qué tanto importa mi vida personal para la obtención de un puesto público? ¿Es relevante? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Mis decisiones personales son de interés nacional? ¿Será que como candidato soy realmente libre si politizo mi vida privada sabiendo que al compartirla tendré capacidad para poder transformar opiniones en votos? ¿Será que puedo elegir si compartir mi vida privada o no? ¿Importa cómo e Ami dinámica familiar, matrimonial y social para las exigencias del puesto? ¿Se es presidente o padre de familia? ¿Se es madre o diputada del Congreso? ¿Se es alcalde o amigo? ¿Qué papel juegan las redes sociales en todo esto? ¿Hemos renunciado ya a la privacidad como tal por el hecho de abrir una cuenta en redes sociales, utilizarla para actividades proselitistas y comercializar con la divisa digital, que es la información personal y no necesariamente el dinero?  

Como electores, ¿motivamos una campaña limpia y un debate de altura al exigir candidatos híper expuestos, que ventilen tramas y dramas personales y que cuestionen, con autoridad mesiánica, los actos privados de sus contrincantes? ¿Qué tanto nos sirve la información personal de un candidato para asegurar su eficiencia en un puesto público? ¿Es cuestión de transparencia o de morbo? ¿O será una cuestión de justicia? ¿Acaso no estamos pidiendo que se someta a los candidatos al mismo interrogatorio al que, por ejemplo, nos sometemos al momento de optar por un empleo y tener que revelar información privada y personal? ¿Pero acaso puede ser comparable un puesto laboral en una empresa con, por ejemplo, alguna diputación? ¿Qué tan relevante, repito, es esta información para la gestión pública responsable y fructífera? 

No lo sé. Incluso, no sé si que “lo personal es político” deba ser una norma de las campañas al momento de investigar, fiscalizar, cuestionar y votar a los candidatos que optan por los puestos públicos. Hay una cuestión allí que resulta incómoda para esta frase, que no encaja, que trasnocha el discurso. ¿Es lo personal también político?

@godoyesjd

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Author: Maria Suarez