“Cicerón utilizó la contestación que Jenócrates de Calcedonia (396-314 a.C.) dio a sus discípulos cuando le preguntaron: “qué provecho podían sacar los que cumplen la ley”. La contestación fue: ·El ciudadano que es capaz de imponer a todos los demás con el poder y la coacción de las leyes lo que el filósofo con su palabra difícilmente puede inculcar a unos pocos debe ser más estimado que los mismos maestros que enseñan tales cosas. ¿Qué discurso pueden hacer éstos tan perfectos, que sea preferible a una República bien constituida por su derecho común y sus costumbres? Creo que son muy superiores, incluso por su sabiduría, los que rigen sus ciudades con la prudencia de su autoridad, a los que son ajenos a cualquier asunto público”. Marco Tulio Cicerón, citado por Antonio Pérez Crespo, www.laopiniondemurcia.es, 23/12/2007