Horas antes, a minutos, en la práctica, de la instalación de la Cumbre de Bogotá del martes pasado, el tirano de Miraflores y su áulico más untuoso posaron de energúmenos ante la TV gobiernera. Amenazaron con el no reinicio de los diálogos de México, a menos que se cumpliesen, con carácter previo, una serie de condiciones por demás estrafalarias. El sainete, hubiese sido para soltar la carcajada, de no haber mediado la tragedia compatriota.