Según esta famosa agencia calificadora, una de las razones por las cuales decidieron mejorar la calificación de riesgo de Guatemala es porque “esperan que la continuidad de las políticas [públicas] después de la elección contribuya a mantener el crecimiento económico sostenido y compensar así los rezagos institucionales y altos niveles de pobreza”. Afirmación que contrasta totalmente con las promesas de campaña de la mayoría de partidos en contienda. Por término medio, las promesas de campaña implican, de una manera u otra, reducción o eliminación de impuestos, aumento del gasto público o mayores niveles de endeudamiento. Ahora, más que nunca, se encuentran amenazados los pilares sobre los cuales descansa la estabilidad macroeconómica del país. Una posibilidad que la agencia calificadora reconoce abiertamente cuando sentencia que “independientemente de quién gane las elecciones presidenciales, el próximo gobierno se enfrentará a importantes obstáculos para seguir luchando contra la pobreza y fortalecer las instituciones, manteniendo al mismo tiempo unas finanzas públicas estables y la confianza de los inversores”.
Por si esta valoración no fuera suficiente, añaden también que su “relativamente mala evaluación de la gobernanza de Guatemala se debe a las debilidades del sistema de pesos y contrapesos entre las instituciones de gobierno, la falta de rendición de cuentas, las percepciones de corrupción y las debilidades en la implementación de las políticas públicas”. Sorprende, pues, que estando totalmente claros de los principales riesgos económicos y políticos que afronta el país, esta agencia haya adoptado tan optimista perspectiva. Habría que ser muy ingenuo para creer que este proceso electoral es, en esencia, similar a los anteriores y que, gracias a ello, no hay razones para preocuparse de más. Probablemente, quien no conozca a profundidad lo que pasa en el país pueda creer tal cosa; quienes somos testigos del debilitamiento del sistema de gobernanza del país, para usar el término que usa esta agencia, sabemos bien que en esta elección nos jugamos más que un cambio de autoridades y la continuidad de las políticas públicas.