Pandemia, pandemonium y salud

¿Cómo enfrentar la pospandemia? El diseño institucional es uno de los desafíos cruciales, para el sector privado, para las entidades sin fines de lucro, y las estatales. El pasado lunes apareció publicado en el Diario de Centroamérica el Acuerdo Gubernativo 59-2023 que se refiere al Reglamento Orgánico Interno del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social: un verdadero aeroplano, como dicen los expertos en administración cuando al diseñar el organigrama –que no aparece en el Reglamento– se presentan los viceministerios, las direcciones, los departamentos, así como otras figuras sui géneris como el denominado Centro Regulador de Urgencias (CRU), la Unidad de Asuntos Internos, el Comité de Operaciones de Emergencia, el Comité Técnico Financiero y de Control Interno y de Gestión de Riesgos entre otros.

He sido ponente en diversos espacios, de urgir la puesta en marcha del Observatorio de la Seguridad Social, y ahora insisto más en la auditoría social que debe existir   en todo el   sector sanitario. ¿Por qué? Acudiendo a las estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud, Guatemala se encuentra a la zaga en la entrega de servicios y una causa vital es la atomización de entidades que los prestan. Estamos lejos de la universalización de la salud.

Un reglamento normativo de tal naturaleza debiera motivar a discusiones importantes, al menos con centros de pensamiento, usuarios organizados y entidades componentes del sector sanitario, antes de ser aprobado.   El reglamento indicado le da vida a una serie de feudos burocráticos que han sido totalmente inefectivos y que urgen de su reforzamiento regulatorio, como es el caso de una  dirección creada: de Agua Potable, Saneamiento, Salud y Ambiente, institucionalizando un departamento clave que es el de la Regulación del Agua Potable y el Saneamiento.

Dos grandes lagunas encuentro en el diseño de tal Reglamento: la primera reside en el ejercer la rectoría sanitaria a nivel nacional; no encuentro los órganos que   deben forjar los enlaces con IGSS, UNAERC, Unidad Nacional de Oftalmología, INCAN, UNOP y la gran cantidad de gallos gallina que ejercen desconcentradamente funciones sanitarias específicas y se alimentan de recursos públicos. La otra falla es colocar dentro de los planificadores a las unidades que diseñan y ejecutan infraestructura, siendo ello un desfase que se observa también   en el IGSS. Los planificadores se mantienen en la estratósfera, mientras la ingeniería civil de construcción hospitalaria es un tema mundano de primer orden. Y es que si de algo carece el tema sanitario en el país es de buenas instalaciones, que provean de dignidad a pacientes y personal médico y paramédico.

El gran problema que yo encuentro en estas normativas que quedan por mucho tiempo es que requieren de altos niveles de diseño y discusión proveniente de las más modernas técnicas de diseño institucional, que es minusvalorado en un país de ocurrencias y sabelotodo empíricos, muchos de ellos.

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Author: Maria Suarez