La presente década se perfila venturosa para la industria petrolera mundial. La creciente demanda de energía, post pandemia, ha dado un renovado vigor a los combustibles fósiles. Inversiones millardarias en unos 30 países proyectan hasta 2030 un peso específico de petróleo y gas natural mayor al actual en comparación con el uso de fuentes alternas de energía. Un contraste crítico con las advertencias del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, que advierte de catastróficos efectos sobre las condiciones habitables del planeta, de no detenerse esta tendencia.