Esperanza y aprensión se alternan en nuestras mentes mientras observamos –o nos observa– la Inteligencia Artificial (IA) en su marcha sin pausa. A partir de la capacidad para conversar, responder preguntas, discernir, escribir poesía o analizar imágenes, de los llamados Chabots, vemos un horizonte de desarrollo tecnológico que parece no tener límite. Asombra la inserción de la I.A. en actividades profesionales y oficios, desde la práctica médica hasta tareas genéricas y repetitivas, pasando por su utilidad en el área industrial, judicial, traducciones. Difícil encontrar un campo de actividad en el que la IA no pueda decir ¡presente!