En una iniciativa que cambió el tablero de la Guerra Fría, en 1972 Richard Nixon visitó a Mao Tse Tung, con la intención de dividir el bloque comunista en dos, debilitar a la Unión Soviética y acelerar la paz en Vietnam. A cambio, el presidente norteamericano dio al líder chino todo lo que le pedía en relación a Taiwán y se comprometió a respetar el principio de una sola China. Mao le transmitió que no tenía prisa en quedarse con la isla. Desde entonces, este territorio vecino se ha desarrollado como una próspera democracia y se ha convertido en un país estratégico por su influencia decisiva en la industria de semiconductores. Cincuenta años después, Joe Biden no está dispuesto a que el régimen de Pekín utilice la fuerza para acabar con un testigo molesto, que les recuerda a diario que la cultura china no es incompatible con la libertad y se alinea claramente con Estados Unidos en el tablero del Indo Pacífico. El precedente poco airoso de Hong Kong en 1999 no sirve para gestionar una eventual unificación. Biden ha dicho repetidas veces que su país apoyaría militarmente a Taiwán en el caso de una invasión china. Para muchos analistas éste es el conflicto que marcará el comienzo de una contienda global, y no la invasión de Ucrania. Por ahora, China pone presión a través de ejercicios militares periódicos que bloquean el tráfico marítimo alrededor de la isla y merman su espacio aéreo. Con la entronización de Xi Jinping, el régimen chino ha entrado en una fase más nacionalista en su proyección internacional, una tendencia que se acelera por la acumulación de problemas domésticos y le puede llevar a cometer errores. El hostigamiento más reciente a Taiwán es también una respuesta directa a los apoyos que recibe desde el Congreso de Estados Unidos, algo que se escapa del control del Gobierno norteamericano. Pero la visión fatalista, muy extendida, sobre un choque inevitable no debería triunfar. Más que nunca, el diálogo entre Washington y Pekín es posible y necesario. Ambas potencias son muy conscientes de que en un conflicto abierto todos perderían.