Las elecciones presidenciales en Paraguay trajeron un rayito de luz en los encrespados nubarrones antidemocráticos que se ciernen sobre América Latina. Porque si bien no hubo alternancia en el poder entre fuerzas políticas, el sistema democrático iniciado con las constitución de 1992 salió fortalecido al reconocer Acevedo y Alegre la victoria de Pena de manera inmediata. Con ello estaban apuntalando el sistema democrático porque como me confiara una vez Andrew Young en Haití cuando observábamos las elecciones : “la democracia la hacen los perdedores no los ganadores porque solo los perdedores pueden dar credibilidad al sistema”.