Los árbitros españoles vienen desarrollando últimamente un sentimiento de victimismo aparentemente exagerado, pero cuya raíz es comprensible: acosados por el impresentable escándalo del ‘caso Negreira’, desayunan además todos los días críticas sobre el último error injustificable del VAR. El enfado del Comité Técnico de Árbitros (que amaga y amaga con una huelga para defender su honestidad y detener «el incremento de violencia verbal y física que están sufriendo nuestros colegiados») tiene un sorprendente paralelismo físico: los colegiados están empezando a agredir ellos mismos a los jugadores. El árbitro Ortiz Arias dio un empujón al futbolista zimbabuense Tino Kadewere en el reciente Celta de Vigo-Real Mallorca, en lo que podría ser el inicio de una costumbre peligrosa: en el último mes,… Ver Más