Fingiendo que las encuestas son algo serio, los candidatos a presidente ponen a trabajar a sus tanques de pensamiento con los resultados que las muestras o encuestas dan. Unos se sorprenden, otros festejan, y los más se mueren de tristeza, pues no aparecen casi nunca y si lo hacen, es como margen de error. Ni modo, así son las cosas en el trópico.
Pero sin mucho buscarle, resulta que hay varios tipos de encuesta. Las primeras son de empresas marca patito. Las segundas son las de escritorio, y las terceras son aquellas contratadas por los propios partidos o candidatos. Partido que no se pueda pagar unas encuestas esa fuera de la jugada o, al menos, es lo que se piensa en el medio. De una buena docena de muestras o encuestas, si algo se puede sacar en claro es que hay varios candidatos que de manera consistente aparecen en todas, buenas, malas, regulares o mandadas a hacer. Hoy se trata de la que publica Prensa Libre este martes, la cual nos dice que la gran perdedora es Zury Ríos. En estos casos, de acuerdo con los márgenes de error en las encuestas, del tipo que sea, hay que advertir, hay candidatos que están en una especie de empate técnico.
La diferencia entre unos y otros es de dos o tres, hacia arriba o hacia abajo, y eso forma parte del margen de error. Merece mención el candidato Pineda, que hoy encabeza una muestra, ya que, entre expresiones de chabacanería, de pronto irrumpe en el panorama, pero ello no es más que el espejismo de una muestra. La realidad, dura como es, no tardará en ubicarlo en donde le corresponde.
Y luego hay candidatos que no aparecen ni siquiera con un dos por ciento. O con un dos por ciento en alguna encuesta pero no en todas. Y no se sabe si aparecen en las mandadas a hacer, en las de marca patito o en las de escritorio de sus propios correligionarios. Son los candidatos de las fuerzas progresistas reconocidas o con alguna trayectoria. Es el resultado de años de débil trabajo de base, de suposiciones teóricas, pero no de arremangarse la camisa. Pero esto es parte de otros análisis que oportunamente se darán a conocer.
Y hay aquellos, como el candidato oficial, que, a pesar de contar con los fondos públicos, con alcaldes comprados a pura chequera, no aparecen y si lo hacen, es con escaso cuatro o tres por ciento. Si le creemos que tiene 200 alcaldes, más los 100 diputados comprados, más los ministerios, y lo que ya sabemos, pues se puede anticipar como el gran fracaso. Al que se la suman los payasos que no figuran en nada y solo han servido para un par de malos chistes. No hay inventos en ello, y en política no existen los milagros.
Estas elecciones serán recordadas como las de las exclusiones. Por razones ideológicas, por las ilegalidades, por la falta de oficio en la manera de organizarlas, y por el recurrente fenómeno de alguien que alejado de la política tiene números interesantes, pero solo eso: en verdad puro humo. Y por la ausencia de debate político, porque la caballada está muy flaca como se dice desde siempre en el vecino país.