Los editores guatemaltecos me enviaron un comunicado con ocho puntos sobre la promoción del libro y la lectura en Guatemala. ¡Hay que leer!, y dedicarle a la mente y el cuerpo disposición para la lectura, tomando ventaja de las facilidades del mundo digital. El libro virtual ayuda a la corteza terrestre y a la silvicultura, y Filgua debe adaptarse a esos cambios.
Imaginemos un ambiente sin libros, sin lectura, como idiotizado por los mensajitos del marketing y la publicidad engañosa, que penetra en los hogares y esculpe gente dócil acomodada a las circunstancias de una vida engañosa. Movidos como marionetas por los jerarcas: los que gozan y se benefician del consumismo, y los que dirigen las instituciones. Y el fruto es la decadencia sin lugar a dudas, con el ingrediente peligroso de que tal mundo aísla a quienes portan el pensamiento crítico que en distopias como una escrita por Ray Bradbury apuntan al fascismo, pero también a la esperanza de quienes portan el conocimiento y en su aislamiento esperan la entropía del sistema, para tomar las riendas. Lo actual de la obra de Bradbury es que el recambio es debido a un conflicto nuclear.
¿Qué libro está leyendo usted?, pues yo me puse a releer al gran Bradbury Farenheit 451, que es precisamente la temperatura a la cual los libros se hacen ceniza. Se trata de una sociedad bombardeada por mensajes vacíos, consentidos por unos ciudadanos acríticos y acomodados. Las brigadas de bomberos se ocupan de incendiar bibliotecas y acabar con todo libro viviente: persiguiendo a Kafka, Steinbeck, Hemingway, Alla Poe, Voltaire. “A la gente de color no le gusta El Pequeño Negro Sambo… quemémoslo”. “A los blancos no les gusta la Cabaña del Tío Sam, metámosle fuego también”. ¡Quememos todos los libros!
Afortunadamente, Montag, nuestro protagonista y bombero principal, comienza a tener sus dudas, y acude a los consejos de un buen maestro, que es parte de uno de los grupos que siempre tiene la esperanza en la mente y conserva los libros de las formas más aviesas que uno pueda imaginar, esperando el relevo y el cambio.
El hábito por la lectura nos ayuda a buscar un comportamiento optimo, y propugnar por un humanismo y mayor tolerancia; por ello me gusta tanto leer a Savater y a Voltaire, y entender a los fanáticos de todo corte, como cuando el ayatolá Jomeini lanzó su fatwa mortífera contra Salman Rushide.
Es una maravilla la persistencia en contra de los fanatismos y las libertades amenazadas. Las verdaderas libertades y no las trilladas y mal explicadas por algunos libertarios criollos. Los fanáticos y fascistas son aquellos que imponen su intolerancia en esa máxima “piensa como yo o muere”. Propicio el tema en estos momentos de mediocridad y declive ¿no lo cree usted?