Héctor Mantilla Alcalá: Volvió la esperanza

Más de veinte años que nos han convertidos en auténticos profetas del desastre en los que la esperanza es un vocablo considerado para idiotas que nos obliga a vivir en una desesperanza permanente y en los que el país se convierte en un territorio por el que deambula la crisis indeleble, a la espera de un supuesto milagro que nunca llega y por el contrario la precariedad termina convirtiéndose en el pan nuestro de cada día y en los que el pasado para aquellos que tuvimos la suerte, es recordado como ese sueño que jamás volverá. Pensando en esta realidad, se hace hoy más que nunca necesario tener presente la historia que en algún momento escuché sobre la herramienta de mayor importancia con la que cuentan las fuerzas del mal y que se retroalimenta con el único objetivo de acometer sus propósitos. La cual no es otra que la DESESPERANZA, el vivir sometido a un designio en lo que es preferible ser “realista” y que nos impide entender que siempre se puede vivir mejor y para ello el solo creerlo es una fuente de energía que es la esencia de la sabiduría para alcanzar cualquier meta; y es en este sentido que hoy quiero dirigirme a esa fuerza hoy representada en Venezuela por una MUJER que ha sabido mantener como su norte, ese desprendimiento para alcanzar esa posición que impulse a nuestro país en aras de lograr esa realidad en la que Venezuela vuelva a ser ese lugar que requerimos y que es indispensable el creerlo para lograrlo y en los que esa líder sea el faro para que juntos, miles de nosotros impulsemos lo que está allí y para lo cual el primer paso es pretenderlo.
Su nombre no podría ser otro que el de María, y es a ella a la que he decidido dirigir estas letras de parte de alguien que si bien fue un afortunado por ser hijo de esos forjadores que fueron capaces de encauzar la democracia y con ello crear una nación próspera en la que el slogan de “PAN TIERRA Y TRABAJO” fue capaz de darnos esa energía que convertiría a sus ciudadanos en personas que lograron para sus generaciones un territorio de progreso en los que el soñar más que una quimera fue una realidad; pero que no supimos valorar y peor aún de continuar una lucha que nos obligaba a ser cada vez mejores; para no ser víctimas de vendedores de sueños quienes, tal vez e independientemente de sus pretensiones, fueron incapaces de lograrlos y que nos llevó a un enfrentamiento en los que una vez más y como repetición de nuestra historia las fuerzas del mal han terminado imponiéndose y en los que el resentimiento y la soberbia nos han traído al día de hoy.

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Author: Pablo Perez